Variedades del español fuera de España: el español de América

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El español es idioma oficial en dieciocho países americanos: México, Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, República Dominicana, Cuba, Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú, Bolivia, Paraguay, Uruguay, Argentina y Chile.

Al conjunto de las variedades habladas en esos países se le llama español de América.

El español hablado en los distintos países americanos se caracteriza por la presencia de numerosas variedades geográficas, en cuya configuración han influido factores históricos y sociales de diversa índole.

Orígenes del español de América

La expansión del castellano al otro lado del Atlántico es fruto del descubrimiento y colonización de las tierras del Nuevo Continente por parte de la Corona española.

La colonización de América se realizó desde Andalucía, con la importante colaboración de las islas Canarias. Andaluces y canarios constituyeron la mayor parte de la inmigración durante el periodo colonial. Estos colonos se establecieron en las zonas costeras y, una vez que se inició el comercio regular con España, protagonizaron el contacto entre los distintos puertos.

De este modo, las variedades meridionales del castellano fueron decisivas en la formación de las primeras normas lingüísticas, aunque luego su evolución siguiera desarrollos independientes  y paralelos al español peninsular.

Por otro lado, los grandes centros virreinales, situados normalmente en las regiones del interior, reunían a funcionarios, miembros del alto clero y cortesanos que favorecían el uso de la variedad septentrional. Contribuyeron, así,  a la creación de una segunda variedad del castellano americano.

Otro de los factores influyentes en la configuración de los dialectos hablados en estas regiones fueron las profundas transformaciones demográficas ocurridas durante los siglos XIX y XX en muchas zonas de Hispanoamérica. Un ejemplo de estas circunstancias lo constituye la inmigración italiana en Argentina y Uruguay, que empezó en las últimas décadas del siglo XIX y que ha ejercicio un influjo importante en el español del Río de la Plata.

También se han producido olas migratorias de las zonas rurales a las ciudades, que son las que poseen poder lingüístico. Las grandes capitales imponen una norma culta, que los medios de comunicación extienden por todo el país.

Finalmente, en los últimos decenios, la presencia económica, tecnológica y cultural de los Estados Unidos ha favorecido la implantación de numerosos anglicismos.

Las lenguas precolombinas

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El proceso de hispanización desarrollado a partir de 1492 fue lento, pues los pueblos indígenas se resistían a abandonar sus lenguas. Se calcula que en la época en que Colón viajó a América había más de cien familias de lenguas en aquel continente.

Entre estas las más importantes eran:

  • Náhuatl y maya: en México y en algunas zonas de América Central.
  • Taíno, araucano y caribe: en las Antillas y en el norte de América del Sur.
  • Quechua: en Bolivia, Argentina y Ecuador.
  • Guaraní: en Paraguay.
  • Aimara: en Bolivia y Perú.
  • Mapuche: en Chile y Argentina.

Aunque la lengua de los conquistadores y colonos se impuso sobre ellas, estas lenguas indígenas ejercieron clara influencia sobre el español, fundamentalmente en el léxico. Los españoles, y con ellos muchos europeos, adoptaron palabras indígenas (indigenismos) utilizadas por los indios americanos para nombrar plantas, animales y objetos entonces desconocidos a este lado del Atlántico. A los préstamos de lenguas amerindias se les conoce como indigenismos. Muchos de ellos se han extendido, con el tiempo, al uso general del español:

  • Del náhuatl y maya proceden aguacate, cacao, cigarro, petate, etc.
  • De las lenguas de las Antillas (taíno, araucano y caribe, especialmente) provienen palabras como cacique, canoa, loro, etc.
  • Del guaraní proceden mandioca, maraca, tucán, etc.

Por otra parte, a la formación del español de América también han contribuido las lenguas de diferentes tribus africanas trasladadas al continente por los esclavos llevados desde África. Tienen origen africano palabras como banana, samba o bongó.

Áreas del español de América

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La unidad del español es evidente en la lengua escrita, prácticamente la misma en todos los países que lo hablan. Pero en la lengua oral (especialmente en el nivel vulgar y en el registro coloquial) presenta múltiples variedades internas. Aunque no hay acuerdo en su delimitación, podemos destacar como variedades más importantes del español de América las siguientes:

  • El español hablado en las tierras altas (meseta mexicana, zonas altas de Bolivia, Perú, Colombia, Ecuadro, etc.). Esta variedad, más cercana al español estándar, presenta como rasgo característico el debilitamiento en la articulación de las vocales en general, hasta el punto de que estas se dejan de pronunciar: nessito (‘necesito’).
  • El español hablado en las tierras bajas (área de las Antillas, la costa caribeña de Colombia y Venezuela, el litoral argentino y chileno, Paraguay y Uruguay). En esta zona se manifiesta más regularmente, aunque no siempre con igual intensidad, la relajación en la articulación de las consonantes: calne (‘carne’).

Cabe destacar la evidente cercanía entre el andaluz occidental (Cádiz, Huelva, Sevilla, Málaga y Córdoba) y el español de América, especialmente en el de las tierras bajas. Fenómenos como el seseo, el yeísmo o la aspiración y pérdida de la -s final, que comparten las variedades de estas zonas, nos dan muestra de ello. Esta semejanza de características entre el habla andaluza y la de algunas zonas de América se ha interpretado, históricamente, de dos maneras:

  • Algunos lingüistas piensan que se ha producido un proceso de evolución simultáneo a ambos lados del Atlántico, sin que hayan existido influencias mutuas.
  • La postura más extendida afirma la influencia del andaluz sobre las hablas americanas, es decir, el andalucismo de estas hablas. Tal afirmación se basa en las coincidencias lingüísticas ya señaladas y en los siguientes hechos históricos:
    • En la época de la colonización hubo, porcentualmente hablando, más andaluces que naturales de otras partes de España.
    • Los españoles (andaluces o no) que pretendían emigrar a América debían permanecer durante bastantes años en Andalucía (Sevilla, fundamentalmente), ya que las salidas de barcos y los trámites para los permisos se demoraban mucho.

Características del español de América

Este programa de la UNED nos permite conocer algunas cuestiones más sobre la expansión del español en América.

 

Nivel fónico

  • El seseo, general en toda América.
  • El debilitamiento de la articulación -s en posición final de sílaba, que da lugar a una aspiración: ehperanza (‘esperanza’); o, en algunas zonas centroamericanas, a la desaparición completa: nosotro’ (‘nosotros’).
  • El yeísmo, bastante extendido, a excepción de algunas zonas de Colombia, Ecuadro, Perú, Bolivia o Paraguay. En algunos lugares de Argentina, Chile, Paraguay y Uruguay, la y llega a pronunciarse casi como la j francesa (o, en la zona de Buenos Aires, como la sh inglesa).
  • La confusión de -r y -l en posición final de sílaba: úrtimo (‘último’), mi amol (‘mi amor’). Se produce, sobre todo, en la zona del Caribe (Cuba, República Dominicana, Panamá y norte de Venezuela).
  • La tendencia muy acusada a convertir en diptongos los hiatos: sapatiado (‘zapateado’), peliar (‘pelear’).

Nivel morfosintáctico

  • El voseo.
    • En el siglo XVI, las formas de tratamiento eran tú (eres) para los inferiores (siervos, criados, etc.) y en las situaciones de máxima confianza, y vos (sois) en los demás casos. Al generalizarse por aquel tiempo el uso de vuestra merced (que derivó en nuestro usted) como tratamiento de respeto, en España vos acabó desapareciendo y sus usos fueron absorbidos por tú y usted. Lo mismo sucedió en parte de Hispanoamérica: México, las Antillas, Perú, Bolivia… En otras zonas, sin embargo, fue la forma tú la que desapareció, de forma  se generalizó el empleo del pronombre vos en lugar de tú, como forma de tratamiento de confianza.
    • Este uso concuerda con formas verbales propias, originalmente plurales: vos tenés, vos tomás — procedente de tenéis, tomáis—, en lugar de tú tienes, tú tomas. Por otro lado, el pronombre átono correspondiente no es os, sino te. Asimismo, el posesivo es tu, tuyo, no vuestro: Vos te acordás de tu madre.
    • El fenómeno del voseo se da de forma generalizada en Argentina, Uruguay y Paraguay, y de forma no general en Chile, sur de Perí, Ecuador, Colombia, interior de Venezuela y casi toda Centroamérica (a veces con otras formas verbales).
  • Empleo casi exclusivo de ustedes para la segunda persona del plural: ustedes saben; y consiguiente desuso del pronombre vosotros. Por lo tanto, en el español de América no se puede establecer distinción de tratamiento de respeto o no respeto para el plural (sí para el singular: vos tenéis / usted tiene).
  • El empleo casi exclusivo del pretérito perfecto simple en lugar del perfecto compuesto: Hoy trabajé mucho.
  • Ausencia de los fenómenos de leísmo, laísmo y loísmo. Sólo en algunas zonas se pueden encontrar casos aislados de leísmo de persona: Yo le vi esta mañana.
  • El empleo de adjetivos con valor de adverbio: Que te vaya bonito.
  • El uso abundante del diminutivo, incluso en adverbios: ahorita, lueguito, etc.
  • La frecuente anteposición del posesivo: ¡Ay, mi hijito!
  • Adverbios, preposiciones y conjunciones. Tienen frecuentemente usos que son extraños al castellano peninsular. Los ejemplos son numerosísimos: Ponlo allí no más (‘mismo’). Recién lo termino (‘ahora mismo). No te molestes en preparar: como que no tengo hambre (con valor de atenuación). Te veo mañana en la noche (en lugar de por la noche). Abrígate, cosa que no pases frío (para que), etc.

Nivel léxico-semántico

Es muy frecuente el empleo, en las zonas y países de América, de palabras distintas a las usadas en el español de España. Entre otras tendencias generales léxicas, podemos destacar las siguientes:

  • El uso de arcaísmos, palabras —o significados— desaparecidos en la lengua de España, pero conservados en el español de América: pararse (‘ponerse de pie’), carro (‘coche’), fósforo (‘cerilla’), prieto (‘negro’), frazada (‘manta’), pollera (‘falda’), vidriera (‘escaparate’), recordar (‘despertar’), bravo (‘irritado’), lindo (‘bonito’), liviano (‘ligero’). Algunos otros términos experimentaron un cambio de significado en el español de América: cuadra (‘manzana de casas’), estancia (‘hacienda de campo destinada a la agricultura o la ganadería), cobija (‘ropa de cama’), flete (‘caballo’), vereda (‘acera’), etc.
  • El uso de indigenismos como choclo (mazorca de maíz, del quechua, en Perú), calto (desnudo, del quechua, en Perú) o chachalaca (especie de gallinácea o charlatán, del náhuatl, en México y Centroamérica.
  • Abundancia de extranjerismos, procedentes, fundamentalmente, de la lengua inglesa, y adaptados, o no, a la pronunciación, ortografía y morfología del español: off the record (‘extraoficial’), trader (‘comerciante’), week-end (‘fin de semana’), parquear (‘aparcar’), overol (de overall inglés, ‘traje de faena’, lo que en España llamamos ‘mono de trabajo’), troque (del inglés truck, ‘camión’), chompa (del inglés jumper, ‘cazadora’). También existen italianismos, sobre todo en Argentina: pibe (‘chico’), biaba (‘paliza’), etc.
  • La facilidad para la creación léxica a través de los procedimientos internos de derivación, que constituye sin duda uno de los síntomas más claros de la vitalidad de la lengua: acalambrar (‘sufrir un calambre’), acuariano (‘nacido bajo el signo zodiacal de acuario’), entrador (‘que entra bien, que es simpático’), molestoso (‘molesto’), etc.
  • En Argentina (y también en Uruguay) se ha extendido bastante en el habla popular el uso del lunfardo, una jerga usada originariamente por las gentes de clase baja de Buenos Aires y sus alrededores, que alcanzó gran auge gracias a las letras de los tangos, en los que que su uso es muy habitual. El lunfardo (palabra que significa ‘delicuente, ladrón’) se nutre de vocablos procedentes de otras lenguas (italiano, portugués, quechua, etc.) y se ha convertido en una seña de identidad del habla de los citados países. Algunas palabras son: bacán (‘hombre que mantiene a una mujer’), percanta (‘mujer, amante), pebeta (‘muchacha’), otario (tonto, cándido), etcétera.

Podéis escuchar lunfardo en esta milonga lunfarda interpretada por Edmundo Rivero:

 

[Textos adaptados de: MATEOS DONAIRE, Esperanza [et al.] (2015), Lengua castellana y Literatura 1º Bachillerato, Madrid: McGraw Hill; RODRÍGUEZ PUÉRTOLAS, Julio [et al.] (2006: Lengua castellana y Literatura 2º Bachillerato, Madrid: Akal; SOLER FIÉRREZ, Mª P. [et al.] (2009): Lengua castellana y Literatura 2º Bachillerato, Barcelona: Vicens Vives; ARROYO, Carlos [et al.] (2005). Lengua castellana y Literatura 2º Bachilletato, Madrid: Oxford. ANDRÉS FERRER, Paloma [et al.] (2010), Lengua castellana y Literatura 3º ESO, Barcelona: Edelvives. ESCRIBANO ALEMÁN, E.: (2015) LCL  3.1., 3.2., 3.3, Barcelona: Vicens Vives.]

 

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