Jorge Manrique y las Coplas a la muerte de su padre

Monumento a Jorge Manrique en Segura de la Sierra (favataragora.com)


“Ni miento ni me arrepiento” fue la divisa que llevó Jorge Manrique

 

GLOSA A SU MOTE QUE DICE: “NI MIENTO NI ME ARREPIENTO” 

Ni miento ni me arrepiento,
ni digo ni me desdigo,
ni estoy triste ni contento,
ni reclamo ni consiento,
ni fío ni desconfío;
ni bien vivo ni bien muero,
ni soy ajeno ni mío,
ni me venzo ni porfío,
ni espero ni desespero.
Jorge Manrique
 

Jorge Manrique, sobrino del escritor Gómez Manrique y miembro de una familia fuertemente involucrada en la política y en la milicia, es el máximo representante de la lírica castellana del siglo XV. Para aquellos que siente un inusitado interés por las vidas ajenas, les propongo que abandonen por un momento los programas de cotilleos y se adentren en la vida de este soldado valeroso, amante desgraciado y gran poeta:

Jorge Manrique pertenecía a una de las familias más antiguas e ilustres de Castilla, que desempeñó una función fundamental en la vida política y militar del reino. El poeta, sin embargo, se mantuvo en segundo plano, a la sombra de su padre, don Rodrigo Manrique, un hombre de personalidad arrolladora a quien Jorge Manrique dedicó sus mejores versos. Al igual que sus antepasados (especialmente su tío Gómez Manrique), conjugó con gran eficacia la profesión de militar, casi obligada para un noble en esa época, con la afición a las letras, cada vez mejor vista entre los poderosos por influencia del humanismo.
Pocas cosas sabemos de la vida de nuestro poeta, y eso resulta revelador, porque nos da a entender que no fue un personaje demasiado conocido. Jorge Manrique fue el tercer o cuarto hijo de don Rodrigo Manrique y doña Mencía de Figueroa, y en su calidad de segundón debía elegir entre la iglesia o un papel discreto como capitán de las huestes de sus padre. Al cerrársele la puerta eclesiástica, parece que se decantó por la carrera militar, en la que tuvo una actuación bastante mediocre, al menos en comparación con sus antecesores. Para empezar, ignoramos la fecha y el lugar de su nacimiento. Por diversas conjeturas, se ha especulado que nuestro poeta podría haber venido a este mundo alrededor de 1440 en Paredes de Nava (Palencia) o en Segura de la Sierra (Jaén). Aún niño quedó huérfano de madre, y al cabo de dos años, hacia 1446, su padre contrajo matrimonio con doña Beatriz de Guzmán.
De su padre es posible que el poeta recibiera no solo la formación militar, sino también la intelectual (de don Rodrigo se conservan varios poemas), aunque, en esta última faceta, quien debió influirle de modo decisivo fue su tío Gómez Manrique, poeta ya muy famoso en la década de los cincuenta.
Don Jorge se casó hacia 1750 en Toledo con la hermana pequeña de su segunda madrastra, doña Guiomar de Meneses, con quien el poeta tuvo un hijo y una hija. Da la impresión de que don Rodrigo debió de organizar su propia boda y la de su hijo para paliar la precaria economía de la familia. Las novias aportaron como dote una considerable suma de dinero: doña Elvira, dos millones de maravedíes, y doña Guiomar, un millón.  Don Jorge empleó casi todo el dinero de su esposa en atender los compromisos de su padre. Fuera por este motivo o por otros, el caso es que nuestro poeta no fue feliz en su matrimonio, y doña Guiomar, en su testamento, acusó a Jorge Manrique de malos tratos y de una conducta demasiado irascible.
Por lo que respecta a las acciones bélicas, que sepamos, don Jorge siempre intervino en campañas dirigidas contra sus adversarios políticos en Castilla, defendiendo los intereses de la familia. Como caballero de una orden militar, lo normal habría sido que hubiese contribuido a la reconquista de la península, pero en realidad no fue así debido a las continuas guerras internas que asolaron el reino en la época de Enrique IV.  De 1465 a 1467 don Jorge intervino, junto a su padre y hermano mayor, en el cerco y conquista de la fortaleza de Montizón, de la que acabó siendo comendador por la orden de Santiago. A finales de 1470 dirigió las tropas que lucharon contra las de don Juan de Valenzuela, a quien el rey había nombrado Prior de la Orden de San Juan, en detrimento de un primo del poeta, don Álvaro de Estúñiga. La batalla tuvo lugar en Ajofrín, y en ella los cronistas atribuyen a don Jorge una actuación muy meritoria como estratega.
A partir de 1474 encontramos numerosas referencias a nuestro poeta en actividades de diverso signo, la mayoría de carácter militar. En este años Manrique asiste al capítulo general de caballeros de Santiago, celebrado en Uclés o en Ocaña, que escoge a su padre como Maestre de la Orden. Ya en 1445 don Rodrigo se había arrogado el maestrazgo de Santiago, por considerar inválido el nombramiento en el cargo de don Álvaro de Luna, el ministro más influyente del reinado de Juan II, pero que no era caballero de la Orden. Desde ese momento, el padre de nuestro poeta mantuvo una lucha desigual contra el rey y su ministro, a consecuencia de la cual perdió gran parte de sus bienes y posesiones.  En 1446, Juan II le ofreció paz, exigiéndole a cambio el acatamiento a don Álvaro, pero don Rodrigo  no la aceptó hasta 1452, fecha en que obtuvo la devolución del patrimonio que le había sido confiscado. Sin embargo, pronto él y toda su familia volvieron a perder sus bienes al rebelarse de nuevo contra Juan II, posesiones que sólo les fueron restituidas en 1454 gracias a la amnistía del nuevo rey, Enrique IV, a quien don Rodrigo no tardó en negarle su apoyo debido a un problema familiar en que el monarca no favoreció sus interesas.
Por esta razón, desde 1460 el padre del poeta encabezó todos los movimientos de oposición al gobierno establecido. Llegó incluso a preparar un golpe de estado contra el rey, que fue abortado. En 1465, don Rodrigo participó en Ávila en una ceremonia en que unos nobles disidentes destituyeron simbólicamente a Enrique IV para coronar a su hermanastro el infante don Alonso, que a  la sazón sólo tenía once años.  Por el apoyo prestado al nuevo monarca, el padre del poeta recibió el título de Condestable de Castilla, cargo que ejerció de manera clandestina. Sin embargo, en 1468 murió el joven infante, tal vez envenenado, y el grupo de nobles que se oponía a Enrique IV, se decantó por la hermanastra del rey, la futura Isabel la Católica, quien en 1460 contrajo matrimonio, a espaldas del monarca, con su primo el infante don Fernando de Aragón. Entonces Enrique IV proclamó como heredera al trono a su hija, doña Juana, apodada La Beltraneja por sus adversarios, dado que en verdad creían que no era hija del monarca, sino de su privado don Beltrán de la Cueva. A la muerte del rey, en 1474, en Castilla estalló una guerra civil por la sucesión al trono entre el bando de los jóvenes príncipes y el de Juana y Alfonso V de Portugal, con quien la Beltraneja contrajo matrimonio. Don Rodrigo Manrique y su familia, desde entonces, mantuvieron una leal adhesión a los futuros Reyes Católicos, a pesar de que no siempre fueron debidamente recompensados.
Ignoramos qué papel desempeñó don Jorge en todas estas intrigas y sediciones de su padre, pero cabe creer que se mantuvo siempre a su lado, desde el momento  en que contara con la edad suficiente para intervenir en conflictos bélicos. Desde 1475 participó junto a su padre en una serie de campañas militares por las tierras del Tajo y del Guadiana en la reconquista para Isabel y Fernando de una serie de ciudades (Alcaraz, Ciudad Real, Uclés) que el segundo marqués de Villena y el Maestre de Calatrava habían tomado para Juana la Beltraneja. Pero el 11 de noviembre de 1476 don Rodrigo murió en  su villa de Ocaña a causa de una úlcera cancerosa en el rostro.
Al año siguiente, Jorge Manrique protagoniza un episodio cuyas graves consecuencias no acertó a prever. El caso fue el siguiente: tras arrebatar la ciudad de Baeza al Maestre de Calatrava, los Reyes Católicos se la habían encomendado en 1476 al  conde de Cabra, quien, al ausentarse de la ciudad, la dejaban en manos de su hijo don Diego. En una de esas ausencias, don Diego ordenó que se desterrara de Baeza a los Benavides, parientes y amigos de los Manrique. Para prestar ayuda a sus familiares, en abril de 1477 Jorge Manrique intervino en el intento de derrocamiento del hijo del conde de Cabra; sin embargo, las tropas asaltantes fueron derrotadas, y don Jorge cayó preso y fue acusado de desacato a los Reyes Católicos. Una vez liberado, fijó en el lugar más público de la ciudad un cartel en que desafiaba a quienes se empeñaran en acusarlo de desobediencia o deslealtad. Transcurrido el plazo de treinta días que marcaba el cartel sin que nadie respondiera al desafío, Isabel y Fernando lo dieron por exculpado.
El 30 de septiembre de 1478 los Reyes Católicos confiaron a Jorge Manrique una importante misión como capitán de la Hermandad del reino de Toledo, cuerpo armado cuyo cometido era mantener el orden público y controlar los abusos de la nobleza. Don Jorge debía recuperar para los Reyes Católicos una serie de fortalezas que el segundo marqués de Villena tenía ocupadas, pero en el asalto de una de ellas cayó gravemente herido. Murió a los pocos días, el 24 de abril de 1479, en Santa María del Campo (Cuenca), y fue enterrado en Uclés, junto a su padre.
 
 [Extraído de la magnífica edición de la Poesía de Jorge Manrique realizada por Bienvenido Morros en la editorial Vicens Vives.]

Su obra es bastante reducida. La constituyen unas cincuenta composiciones en arte real octosílabo, la mayoría de los cuales son poemas amorosos de circunstancias. Pero su notoria fama se debe, quizá, a una sola obra, muy alejada de la temática amorosa: las Coplas a la muerte de su padre.

Las Coplas, compuestas por cuarenta estrofas de pie quebrado, son una de las elegías más emotivas de nuestra literatura. En ellas están presentes algunas de las ideas que avanzan la visión del mundo propia del humanismo, base del Renacimiento del siglo XVI. Manrique reflexiona sobre lo inexorable de la muerte, que es algo consustancial a la vida, sobre la fugacidad de las glorias terrenales y sobre la perdurabilidad del individuo en la memoria de los demás, como consuelo ante la idea de la muerte absoluta.

OYE LAS COPLAS…

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¿Te da pereza leer las Coplas? ¿Prefieres que un actor las recite para ti? No te las pierdas por vago/a. Escucha las Coplas a la muerte de su padre de Jorge Manrique relajadamente. Simplemente, haz clic en el bebé.

LEE COMENTARIOS DE LAS COPLAS

Hemos estado comentando las Coplas en clase (a la velocidad de vértigo que nos impone este loco temario), pero quizás os venga bien este comentario de las Coplas, elaborado por las profesoras Lourdes Domenech y Ana Romeo. Si queréis, podéis consultar  el comentario literario de la Copla III de las mismas autoras.

ACTIVIDADES SOBRE LAS COPLAS

Podéis recordar la teoría y practicar alguna actividad aquí. Estas actividades del Proyecto Ciceros también os pueden venir bien. Puedes repasar todo lo demás, pero las actividades sobre Jorge Manrique aparecen en el número 11. Estas otras también están muy bien.

Un libro interactivo elaborado por Manuel Guerrero os puede ayudar a repasar. Ya sabéis, haced clic en la imagen:

 

LAS COPLAS DE JORGE MANRIQUE CANTADAS POR PACO IBÁÑEZ

Para los que les gusten las versiones cantadas, pueden escuchar la de Paco Ibáñez:

 

UNA VERSIÓN DE LAS COPLAS DE LUIS GARCÍA MONTERO CANTADAS POR UN GRUPO PUNK

Si os han gustado las Coplas (y aunque no), quizás os guste también esta “versión actualizada” del poeta Luis García Montero titulada Coplas a la muerte de un colega. Hay también  una versión de este poema cantado por el grupo punky granadino TNT.


 
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Una respuesta a Jorge Manrique y las Coplas a la muerte de su padre

  1. paco dijo:

    La escultura de Jorge Manrique es obra del catedrático de escultura de la Facultad de Bellas Artes de Sevilla, D. Miguel Fuentes del Olmo.

    Me gusta

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