La prosa del Barroco

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Durante el siglo XVII los ideales del Renacimiento se modificaron produciendo fuertes tensiones sociales. Francia tomó el relevo a España como potencia mundial, las doctrinas religiosas establecidas por el Concilo de Trento (entre 1545 y 1563) agudizaron la oposición entre católicos y protestantes y los núcleos urbanos aumentaron su población con gentes que venían huyendo de la miseria. La literatura del Barroco no fue ajena a estos cambios.

el-tac3b1edor-de-laud1La prosa del siglo XVII abarca un amplio panorama de actores y géneros, en el que Cervantes (al que ya hemos estudiado) y Quevedo se erigen como los máximos creadores. La novela idealista del siglo anterior (pastoril, caballeresca, bizantina y morisca) pierde terreno en favor de los modelos de narración más realistas, representados por las novelas de Cervantes y la picaresca de Mateo Alemán y Quevedo.  La gran novedad del siglo va a ser la novela alegórica, donde destaca Gracián.

El Barroco aportó a la literatura española el florecimiento de los escritos satíricos y político-morales, que fueron consecuencia del pesimismo y el desengaño, y que reaccionaron frente al sentimiento de decadencia. Ahora bien, aun tratándose de textos predominantemente reflexivos y severos, los escritores adoptaron la postura común de tomar el lenguaje y la escritura como campo de indagación verbal y de juego ingeniosos.

Se pueden distinguir, no obstante, dos grandes apartados en la prosa barroca:

PROSA NARRATIVA

  • Novela picaresca: la delimitación y consagración de la novela picaresca se logra con el Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán, cuya dos partes se publicaron en 1599 y 1604. El género continuó  y afianzó la estructura novelesca de El Lazarillo. El Buscón de Quevedo destacó en el género.
  • Novela satírico-costumbrista: la sátira de costumbres de la época está representada por El diablo cojuelo (1641), del conocido dramaturgo Luis Vélez de Guevara. En esta excelente narración, el estudiante Cleofás libera del infierno al diablo encerrándolo en una botella y el diablo, en agradecimiento, le permite contemplar la vida social de Madrid destapando los tejados de las casas.
  • Novela filosófico-alegórica: en ella destaca especialmente Baltasar Gracián con su novela El Criticón. Esta novela filosófica culminó el proceso de desnovelización, iniciado por el Guzmán de Alfarache con sus digresiones morales y continuado por El Buscón con su tratamiento caricaturesco.
  • Novela cortesana: se basa en los modelos de la novella italiana, en la que ya se había inspirado Cervantes al escribir sus Novelas ejemplares. Sus rasgos son la extensión breve, los argumentos con tendencia al enredo y las intrigas, y la intención didáctica. Destacan las novelas de María de Zayas.

PROSA SATÍRICA Y DOCTRINAL

  • Prosa satírica: la sátira, cuyo origen se encuentra en la literatura latina, estuvo presente en el Renacimiento con la obra anónima El Crotalón. En el siglo XVII dejó de ser una dolorosa mirada a la sociedad para convertirse en una punzada despiadada y cruel. Con una falta total de simpatía hacia lo criticado, la prosa satírica arremetió con igual fuerza contra los vicios repelentes y contra defectos insignificantes. En este campo, el maestro indiscutible fue Quevedo.
  • Prosa moral y didáctica: la prosa moral, que en el Renacimiento había exhibido una armónica sencillez y una exquisita naturalidad, brilla en el Barroco por su complejidad y dificultad, de acuerdo con la idea conceptista del arte literario. Por otra parte, esta prosa responde con pesimismo y desengaño radicales a la realidad, mostrándola como ilusión, engaño, nada. Destacan Gracián y Quevedo.
  • Prosa política: en las obras de carácter político, tratados que se refieren a aspectos de comportamiento público, administrativo o de gobierno, vuelven a destacar Quevedo y Gracián.
  • Prosa filológica: el triunfo del humanismo en el siglo XVI se caracterizó por la importancia de la palabra como eje fundamental del pensamiento. Esta importancia se refleja en la nueva consideración de las lenguas vulgares tan importantes como el latín, consideración que supone su estudio en todos sus aspectos. Aparecen obras dedicadas al estudio de la lengua española. Una parte de estos libros están centrados en la enseñanza del español a extranjeros: en este terreno son notables los diálogos bilingües para adquirir los recursos de la conversación. En otros casos se trata de obras literarias anotadas (La Celestina, Amadís de Gaula, Diana o la creación cervantina) o de libros básicos para el conocimiento del idioma en la época clásica como el Diálogo de la lengua, de Juan de Valdés. Algunas obras de la época, como los trabajos de Sebastián de Covarrubias y de Bernardo de Aldrete, siguen manteniendo su interés hasta el día de hoy. Algunos autores como Quevedo, Gracián y Saavedra Fajardo escribieron  obras y tratados de crítica literaria.

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