Engaños y burlas caballerescas: la aventura fingida

UnknownEn algunas ocasiones el caballero es engañado por otros personajes (encantadores y doncellas, principalmente) con falsas aventuras urdidas para conseguir su favor, tomarlo prisionero o simplemente burlarlo y pasar un rato de regocijo. Estas aventuras fingidas están diseñadas como pequeños montajes teatrales con una cuidada puesta en escena (vestuario, gestos, diálogos) lo suficientemente verosímil como para confundir al caballero. Confiado, cae en la trampa de la aventura, la acomete ignorante del trasfondo que esconde y acaba burlado y casi siempre malparado. De carácter bélico o amoroso, muchos de los engaños y las burlas caballerescas tienen un valor distensivo, provocan la risa y algunas de ellas entroncan con los divertimentos cortesanos. Platir, por ejemplo, sufre las del sabio y risueño Caballero Encubierto, que con su magia burla a los caballeros andantes que transitan sus dominios sin dejarles quebrar la lanza en las justas y engaña a Platir con una fingida aventura de una doncella en apuros, menos compleja en cualquier caso que la ideada por el cura, el barbero y Dorotea (I, 26) para devolver a don Quijote a su casa o que las tramadas después por los Duques.

Así estovieron folgando y habiendo placer toda aquella noche en muchas cosas que a los caballeros se antojaron, que a maravilla era muy decidor el caballero Gradior, señor del castillo, y muy palaciano. Y de ver él enojado tanto al infante Platir, tomaba él mucho sabor de fablar más con él. Luego que fue hora les hizo hacer un muy rico lecho, do los caballeros fueron acostados y reposaron allí aquella noche. Y de mañana se partieron otro día. Despediéndose de Gradior, se metieron en la vía derecha del valle. Y a esta sazón había enviado el caballero dos escuderos con una tienda y cincuenta lanzas y les mandó que la arrimasen a la fuente del moral y que lo atendiesen allí, quél sería con ellos muy cedo. Pues luego quel caballero Gradior se despidió de los caballeros, se fue armar y cabalgó en su caballo y fue por otra parte a ponerse en la tienda, y diose priesa por llegar ante que los caballeros llegasen a la tienda. Y llevó consigo una doncella para enviarla con el mandado que oiréis por poner más enojo al caballero Platir. Luego fue Gradior en la tienda, hizo él sacar todas las lanzas a la puerta de la tienda contra el camino, porque todos las viesen, y mandó él a la doncella que fuese derecha la vía contra el castillo quejándose mucho del caballero de la tienda. Y bien así lo hizo la doncella y mucho mejor, porque se destocó ella ya cuanto vido ella venir los caballeros de lejos y diose priesa lo más que ella pudo, llorando lo más agro del mundo.
—¡Santa María, y qué priesa trae la doncella! —dijo el caballero Platir—. Algún tuerto se le ha hecho.
Y paró cuanto el caballo con esto que dijo y miró contra la doncella y díjole:
—Estad, señora doncella. ¿Qué es esto que vos avino?  
—Avínome la muerte —dijo la doncella—, que quisiera yo más que la vida. Y si vos, señor caballero, me prometedes de vengarme, decírvoslo he yo; si no, dejadme ir, que aquí cedo, en este castillo, tengo yo un caballero mi pariente que me vengará.
—Yo vos prometo como caballero de facer ahí todo mi poder —dijo Platir— por hacervos tirar del enojo que traedes.
—Pues habedes de saber —dijo la doncella— que yo llevaba unas cartas al emperador Primaleón de la infanta Campora y un caballero ques aquí arriba tiene una tienda armada e hizo que me llegase allá, y preguntóme dó iba y yo gelo dije. «Pues doncella —dijo el caballero de la tienda—, atendedme un poco cuanto escriba una carta al emperador.» Yo le dije que me placía. Atendí a él bien dos oras y él no hacía sino reírse de mí. Deque esto vi, díjele que me diese licencia, que no atendería más por cosa del mundo. Él se enojó en tanta manera deque le dije que no atendería más aunque me hiciesen señora de todo el mundo, por la gran priesa que de la infanta llevaba, que luego me mandó tomar un portacartas que ante mí traía, do llevaba el mandado de mi señora, y fízome abiltadamente echar a dos escuderos fuera de la tienda, no cierto como caballero sino como el más falso y desleal villano del mundo. Ora vos he dicho todo lo que pasa. Andad acá comigo y llevarvos he do está el caballero.
—A mí me place de muy buena voluntad —dijo el infante Platir— de ir con vos, aunque nunca vos lo hobiera prometido, cuanto más que vos lo prometí y vos lo torno a prometer de hacer y todo mi poder; y aunque no fuese por ál sino por servir al emperador, es mucha razón que se le faga todo servicio aunque en ello se aventurase y perdiese la vida.
Luego tiraron los caballeros por el valle adelante con la doncella … Y no anduvieron los caballeros mucho que no vieron la tienda y las lanzas a la puerta, de que mucho se maravillaron … Luego empezaron los caballeros a justar y no hacía sino quebrar lanzas el caballero de la tienda en el infante Platir y nunca él pudo quebrar la suya en el caballero, que bien le parecía a él como el día de ante que no encontraba a nadie y con esto le creció a él más el coraje. Tantas carreras pasaron hasta quel caballero de la tienda no tenía ya lanza ninguna, que todas las había quebrado en el infante Platir, de quel infante estaba muy enojado y dijo contra la doncella:
—Señora, si el caballero quisiese hacer conmigo batalla de las espadas, dígovos que de grado la haría porque vos fuésedes restituida en todo lo que vos tomó.
… Y diciendo esto echó mano a su espada y fue contra el infante Platir con el mayor denuedo del mundo. Y empezaron los caballeros una muy esquiva batalla, mas no porque pareciese a Platir sino que daba todos sus golpes en el aire. Bien cuidó luego Platir que era el caballero el que el día de ante se había con él combatido y así anduvieron en esta batalla hasta que anocheció. A esta ora ya tenía el caballero mandado a sus escuderos que alzasen la tienda y se fuesen. Y él así lo hizo, que no pudo ser sentido de los caballeros por do había ido con la mayor risa del mundo en haber así dos veces burlado al infante Platir. Dígovos que quedó muy corrido el infante Platir a maravilla y deque vido que no le calía y´ ál hacer más de lo que había hecho, esforzóse y´ cuanto y echáronse a dormir. (Platir,Valladolid, 1533, cap. LVIII, ff. CXXXIII-CXXXIIII.)
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