La lengua y el estilo del Quijote

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El ideal estilístico de Cervantes es expuesto en la propia obra: “Llaneza, muchacho, no te encumbres, que toda afectación es mala” (Capítulo 26, 2ª parte). Para conseguir naturalidad, los rasgos lingüísticos que emplea Cervantes son los siguientes:

  • El diálogo. Estilísticamente, la novela se basa en el diálogo de unos personajes que muestran de esa manera su modo de ser y de pensar. Cervantes hace hablar a los personajes de acuerdo con su condición: don Quijote utiliza el lenguaje de los caballeros andantes. Sancho, que no sabe leer ni escribir, utiliza el lenguaje del pueblo, lleno de refranes y con abundantes incorrecciones. La gran novelad de Cervantes es haber logrado crear personajes autónomos, humanos a los que va construyendo la lengua, el habla, el diálogo. El diálogo es el sustento del perspectivismo múltiple y un recurso dialéctico empleado como medio de conocimiento del alma humana y fundamento del dinamismo narrativo y de no pocas manifestaciones de comicidad y humor.
  • La ironía. El humor de Cervantes es amable, comprensivo con los defectos y fracasos humanos. No es un humor mordaz, sino que aparece como respuesta a la desesperanza. El humor en el Quijote se interpreta a la luz de la vida del propio Cervantes y de la realidad del momento. Añádase además, el derroche de ingenio cervantino en la creación de nombres propios (antropónimos y topónimos), en tratamientos cómicos por inadecuados, en asociaciones sintácticas insólitas o en las prevaricaciones idiomáticas de Sancho.
  • Los neologismos. Cervantes tiene conciencia de que la lengua es algo vivo y que son los hablantes y el uso quienes de verdad tienen poder sobre el lenguaje. Esto le lleva a aceptar palabras nuevas, con la convicción de que su adopción depende solo del uso.

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La novela, además, es un ejercicio de estilo en el que Cervantes demuestra su capacidad artística al combinar rasgos de los géneros narrativos de la época:

  • La parodia. Es la fórmula básica del Quijote, técnicamente concebido y estructurado como una parodia de los libros de caballerías: desde el título mismo hasta el lenguaje arcaizante de la fabla caballeresca de don Quijote  y otros personajes que lo remedan, pasando por la invención del autor moro, el manuscrito encontrado, el estilo grandilocuente, la hipérbole desmesurada y multitud de aventuras y situaciones.
  • El fragmentarismo. Aun dentro de la general ordenación lógica y la secuencia lineal de la novela, la ruptura y la fragmentación del relato, es un procedimiento frecuente en el Quijote, y contribuye a crear suspense. La aventura del vizcaíno queda interrumpida en el momento culminante de la batalla; la novela interpolada de Cardenio-Luscinda y Dorotea-don Fernando presenta una construcción fragmentada en varios segmentos; los encuentros de don Quijote con el Caballero del Bosque y con el Caballero de la Blanca Luna se narran antes de contarnos que en ambos casos el rival es el bachiller Carrasco disfrazado de caballero andante.
  • El dinamismo narrativo. El dinamismo del Quijote se apoya en factores tan diversos como la misma organización de la novela en forma de viaje —tres salidas—, el movimiento constante de los personajes —a pesar de algunas paradas notables—, la sucesión de aventuras, el suspense creado por la interrupción de una aventura, su retraimiento o su anuncio por signos desconcertantes, la fluidez de los diálogos —llegándose con frecuencia al encadenamiento entre habla y réplica—, las frecuentes relaciones de dependencia gramatical entre el comienzo de un capítulo y el final del anterior, y el uso frecuente de resúmenes narrativos y de la sintaxis paratáctica.

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En cuanto a los recursos estilísticos, los más frecuentes son:

  • Diferentes estilos y niveles de habla. Se combinan mediante el remedo del estilo solemne de los libros de caballerías, de su lenguaje arcaizante, el estilo de la literatura pastoril, el lenguaje elevado, la retórica de los textos jurídicos y mercantiles, los giros y modismos populares, el habla rústica de los cabreros y la vulgar de las aldeanas del Toboso, la germanía de los galeotes y aun las peculiaridades lingüísticas del vizcaíno, además de los refranes de Sancho, una enciclopedia paremiológica y fuente inextinguible del habla popular.
  • Voces de diferentes lenguas. Desde las frases latinas empleadas por personajes cultos (don Quijote, el cura, Sansón Carrasco…) hasta algunas expresiones italianas (o la jerga italianizada de los peregrinos que acompañan a Ricote) y muchas palabras árabes (relato del cautivo), pasando por la deformación del alemán Geld (dinero) en guelte (en boca de los compañeros de Ricote).
  • La sinonimia. Su empleo es muy abundante, y con frecuencia se llega a lo que Rosenblat llamó la sinonimia glosada, en la cual un término o frase (habitual) explica el significado del otro (problemático o ambiguo).
  • La antítesis. Son muy frecuentes en el Quijote, en el que abundan ejemplos de acumulaciones de antítesis y también ejemplos de lo que Hitzfeld llamó antítesis armonizada.
  • Los juegos de palabras. Hay un auténtico derroche verbal en esta obra. A veces se trata de un simple juego de palabras, paradoja, dilogía, paronomasia. Pero lo más interesante es su empleo combinado con la antítesis, el oxímoron, la anáfora, la intencionalidad irónica y el juego con la misma forma gramatical de las palabras.
  • La expresión elíptica. El juego de la elipsis y con el zeugma —variante de la elipsis— se mantiene desde el principio hasta el final de la novela. Su uso sistemático contribuye al logro del ritmo rápido y a la fluidez y agilidad del diálogo, en el que abundan los casos de encadenamiento entre palabra y réplica por medio del zeugma.
  • La comparación y la metáfora. También son recursos básicos en la retórica del Quijote. Más que la novedad o la brillantez de las comparaciones y metáforas destaca la adecuación de su empleo acorde con cada situación y con el personaje que habla, desde la condición culta de don Quijote y otros personajes hasta la vulgar de Sancho y otros rústicos. En todo caso, salvo en algunos pasajes deliberadamente rebuscados —parodia—, siempre sobresale su naturalidad y su espontaneidad.

Como vemos, la lengua del Quijote es, en suma, una magistral síntesis de diferentes estilos y de distintos niveles de habla. Y Cervantes logró dar cima a su genial creación permaneciendo fiel a su ideal lingüístico —practicándolo o parodiando cuanto se apartaba de él— enunciado en boca del mismo don Quijote que aconseja a Sancho: “habla con reposo; pero no de manera que parezca que te escuchas a ti mismo; que toda afectación es mala.”

[Textos extraídos de la edición digital de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, realizada por la Biblioteca Nacional de España y el Ministerio de Cultura; la edición digital de Don Quijote de la Mancha, realizada por el Instituto Cervantes y dirigida por Francisco Rico; la edición de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, dirigida por Andrés Amorós para la editorial SM; la edición de Don Quijote de la Mancha, realizada por Ángel Basanta, para la editoria Anaya; Lengua castellana y literatura 1º Bachillerato de la editorial Edelvives.]

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