Leer La Celestina con música y baile

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¿Qué música escucharían Calisto y Melibea? Si eres de los que leen con música, puedes ambientar tu lectura de La Celestina con estas composiciones instrumentales de la Baja Edad Media y el Renacimiento. A leer… o a bailar, lo que más te apetezca.

¿Y qué se bailaba en la época de La Celestina?

La profesora Mari Carmen Fernández, que imparte sus clases de Música en el IES Lope de Vega en Santa María de Cayón (Cantabria) nos informa desde su blog https://mcarmenfer.wordpress.com/ de las diferentes danzas de la época.

El libro de Fernando de Rojas se publicó en 1499 y la historia que relata es contemporánea de su publicación. Por tanto, podemos deducir que Calisto y Melibea, los dos protagonistas, representaban a dos jóvenes de la época.  No se dice nada de si pertenecían a la nobleza, pero sí se habla de que ambos pertenecen a una clase acomodada. En una de las escenas iniciales, Calisto toca un instrumento musical y, más adelante, Melibea cantará una canción. Una persona educada y culta del Renacimiento debía tener nociones de música y, desde luego, debía saber bailar y a menudo era instruida por maestros profesionales.

En las cortes renacentistas las danzas de sociedad eran un fenómeno habitual. Los cortesanos descubrieron el baile de parejas y desarrollaron danzas con pasos estudiados y evoluciones preestablecidas que era necesario aprender para ser un buen cortesano. Comenzó así una diferenciación entre danzas folclóricas, cantadas y bailadas por el pueblo, y danzas cortesanas o de salón, las que bailaba la nobleza.

Esta costumbre social de danzar, motivó que la mayor parte del repertorio instrumental del siglo XVI –nos dice la profesora Fernández– esté compuesto por piezas de danza interpretadas en diferentes instrumentos: laúd, clavecín o virginal.

Las danzas que se conocen de la época son muy variadas. Hay danzas lentas y elegantes (bajas danzas, pavanas, alemanda) y también rápidas y animas (gallardas, corantos, canarios). Algunas tenían coreografías fijas, mientras que otras se improvisaban según el gusto y habilidad de los participantes. Muchas danzas eran para parejas, pero otras eran para grupos o diferentes combinaciones de hombres y mujeres. Existían también danzas que se movían en círculo, que conocemos por los branles.

Las danzas solían disponerse en parejas: una era lenta, ceremoniosa, reposada y binaria mientras que la segunda era ternaria, rápida, con saltos y brincos. Ejemplo muy habitual de estas parejas de danzas son la pavana y la gallarda.

¿Qué? ¿Os animáis a un bailecillo? Podemos empezar por una pavana.

La profesora Fernández nos dice que las danzas renacentistas pertenecen al grupo de las danzas antiguas o históricas. Conocemos algo sobre estas danzas gracias a los manuales italianos escritos entre 1450 y 1455  y otros escritos en Francia e Inglaterra. Los maestros de baile establecían las reglas de cada baile, lo enseñaban y llevaban unas danzas de una corte a otra.

La pavana fue un baile grupal en que variaban las parejas danzantes. El nombre provenía de la ciudad de Padua. Fue una danza cortesana solemne, que antecedía a un saltarello o una gallarda. Esta danza lenta y majestuosa sirvió de introducción a la suite orquestal alemana en el siglo XVII.

La gallarda solía interpretarse tras la pavana y era una danza rápida de compás ternario. En Italia, de donde procede, se la conoce como romanesca. Su nombre, gallarda, procede del italiano gigolane que significa dar puntapiés, así que ya podéis imaginar cómo se baila: dando saltos y movimientos enérgicos de la pierna.

La danza baja fue la danza cortesana más popular en el siglo XV y principios del siglo XVI. Cuando se baila, las parejas se mueven tranquilamente y con gracia en un lento movimiento de deslizamiento o caminar, alzando y bajando los cuerpos. De este movimiento surge su nombre.