La caballería andante

La caballería andante

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Durante los siglos XIV y XV Europa estaba llena de caballeros andantes reales que vagaban por el mundo en busca de fama y fortuna.

Para acceder a este oficio era necesaria una formación especial. Naturalmente, el caballero contaba, ya desde su nacimiento, con ciertas condiciones que facilitaban el contacto con las virtudes caballerescas. Desde niño, y durante años, el futuro caballero convivía con otros caballeros más experimentados y con sus escuderos, y además se sometía a un adiestramiento preciso y riguroso.

Una vez era armado caballero podía optar por la caballería andante si su espíritu aventurero, en unos casos, o la necesidad económica, en otros, le incitaban a ello.

El aprendizaje de un caballero

Formación familiar

El caballero realiza su primer aprendizaje en el castillo paterno, en el que se familiariza con la equitación, la caza y el manejo de armas.

Iniciación profesional: el escudero

A partir de los diez o doce años se instruyen cerca de un rico protector o padrino, aprenden el oficio y las virtudes de la caballería, y ejercen el papel de sirvientes domésticos y de custodia:

  • Sirven la mesa.
  • Acompañan al señor en sus cacerías.
  • Comparten diversiones con su protector.
  • Se ocupan de los caballos.
  • Mantienen las armas.
  • Participan en torneos con su señor.
  • Luchan junto a él en el campo de batalla.

El ritual de la investidura

Para ser armado caballero era necesaria una ceremonia en la que otro caballero investía como tal al que hasta entones había sido un escudero. Puesto que recibir la orden de caballería era un hecho de gran importancia, había un rito mediante el cual el pretendiente recibía la condición de caballero, pues “non puede aver ninguno por sí, sy otri non gelo da, et por esto es como manera de sacramento.” (Don Juan Manuel)

El inicio de la vida caballeresca comienza con el acto de investidura, un rito por el que el niño da el paso al hombre y el doncel se convierte en caballero; solo entonces será digno de empuñar la espada y de triunfar tanto en la guerra como en el amor. Al ser armado caballero, el doncel se compromete a proteger y defender a los más pobres y desvalidos, a las doncellas y dueñas. En el acto de investidura suelen participar emperadores, reyes y reinas, princesas y damas de gran renombre, y se suele realizar con gran pompa y cortesía, después de que el doncel haya velado sus armas en una capilla, preparándose espiritualmente para tan gran empresa y honor.

El ritual de la investidura tenía una serie de fases:

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  1. Preparación: el pretendiente debe confesar y comulgar.
  2. Vela de armas: el pretendiente debe pasar una noche de vigilia y meditación.
  3. Bendición de las armas.
  4. Espaldarazo: el caballero protector daba un golpe de espada en la espalda del pretendiente, con las palabras rituales.
  5. Investidura: el caballero recita una oración y pronuncia un juramento mientras su escudero lo viste.
  6. Entrega de las armas.
“Esto debe ser fecho en tal manera que, pasada la vigilia, luego que fuere de día, debe primeramente oír su misa, para su servicio. E, después ha de venir el que le ha de fazer caballero, e preguntarle si quiere rescebir la orden de caballería, e si dijese si, ha le de preguntar si la mantendrá, así como se debe de mantener, e después que se lo otorgare, débele calzar las espuelas. E después, ha le de ceñir el espada sobre el brilla que viste, así que la cinta non sea muy floja. Y el caballero le debe ceñir la espada, para significar castidad y justicia. Y para significar la caridad debe besar al escudero y darle un bofetón para que se acuerde de lo que promete y de la gran carga a la que se obliga y del gran honor que recibe para la Orden de Caballería.”
Alfonso X el Sabio

Nada más salir en busca de aventuras, don Quijote de la Mancha cae en la cuenta de que no había sido armado caballero: “Mas, apenas se vio en el campo, cuando le asaltó un pensamiento terrible, y tal, que por poco le hiciera dejar la comenzada empresa; y fue que le vino a la memoria que no era armado caballero y que, conforme a ley de caballería, ni podía ni debía tomar armas con ningún caballero”

Y así se determinó armarse caballero en el primer castillo al que llegara;  y su propósito encontró acomodo en las burlas de un ventero socarrón, que tuvo que armarle en medio de la noche después de que la vela de las armas fuera interrumpida por unos arrieros.

Puedes leer aquí un fragmento de Silves de la Selva (libro XII de Amadís) de Pedro de Luján (1549) donde el rey Amadís realiza la investidura de la infanta Pantasilea como caballero:

“Haciéndose aquellos acatamientos que entre semejantes personas se acostumbran hacer, estando como suspensas la reina y su hija de la extremada hermosura de aquellos príncipes, siendo testigos de la fortaleza, especialmente de la de aquella hermosa princesa Alastraxarea, la cual venía armada de muy lucientes armas, y habiendo pasado muy graciosos razonamientos entre todos, la preciada infanta Pantasilea hincó las rodillas; luego, el rey Amadís le dijo:  
— Señora y hermosa infanta ¿queréis recibir la orden de caballería según la costumbre de vuestra tierra os da licencia?                                                                                                                                 — Sí quiero, — dijo ella.                                                                                                                                       — Pues jurad de defender a todos aquellos que vuestra ayuda hubieren menester, especialmente a dueñas y doncellas.                                                                                                                 — Sí, juro— dijo la infanta.                                                                                                                                     Y  luego el rey Amadís, sacando el espada y esgrimiéndola, le dio un golpe pequeño sobre el hombro y, echándole el escudo al cuello, le calzó el espuela diestra y le dio paz en la boca diciendo:                                                            
— Agora, extremada princesa, tenéis la orden.   

Caballeros famosos reales

Durante la Edad Media numerosos caballeros transitaban por toda Europa dispuestos a participar en las justas y los torneos que se celebraban en las principales cortes. Muchos de estos caballeros históricos se transformaron en arquetipos legendarios, cuyas vidas y hazañas están recogidas en novelas, romances y otros poemas, en los que lo ficticio predomina sobre lo real.

Principales caballeros europeos

Arturo, Arthur o Artús

El rey Arturo reinó en Bretaña durante el siglo VI y defendió su reino contra sajones y escoceses. En su corte se reunieron los mejores caballeros de la época. Fundó la Orden de los Caballeros de la Tabla Redonda. La vida y las aventuras del rey Arturo y sus caballeros dieron lugar, en la literatura, al ciclo artúrico o bretón.

Carlomagno

Fue rey de los francos y emperador de Occidente. Gobernó a finales del siglo VIII y principios del IX y llevó a cabo una expedición contra los árabes en España. A su regreso a Francia, fue derrotado por los vascos en Roncesvalles. Es, probablemente, el caballero más famoso de la Edad Media. Sus hazañas junto con los Doce Pares de Francia dieron lugar al denominado ciclo carolingio.

Ricardo I, Corazón de León

Fue rey de Inglaterra en el siglo XVII. Durante los 117 meses que duró su reinado, pasó seis meses en Inglaterra, siete en Sicilia, uno en Chipre, tres en diversos mares, quince en Tierra santa, dieciséis en prisiones de Austria y Alemania y sesenta y nueve en Francia. Su vida muestra hasta qué punto los caballeros eran verdaderos caballeros andantes.

Principales caballeros andantes españoles

Fernán González

Fue conde de Castilla durante el siglo X. Sus aventuras están recogidas en numerosos romances ye en el Poema de Fernán González:

Se llamó don Fernando ese conde primero,
nunca hubo en el mundo otro tal caballero:
este fue de los moros implacable guerrero;
por sus lides decían el buitre carnicero.
Hizo grandes batallas a la gente descreída
y les hizo penar a la mayor medida;
logró ensanchar Castilla una muy gran partida;
fue durante su tiempo mucha sangre vertida.

 

Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid

Desterrado por su rey, Alfonso VI, este caballero castellano luchó al servicio de monarcas cristianos y reconquistó Valencia en el 1099. El Cid se convirtió en el perfecto ejemplo de caballero en España. Sus hazañas, noveladas, quedaron recogidas en el Poema de Mio Cid y en diversos poemas del Romancero español.

Fernando III, el Santo

Rey de Castilla en el siglo XIII. Se le considera el mayor impulsor de la Reconquista. Entre los éxitos más importantes de su reinado se cuentan la conquista de Córdoba, en 1236, y la rendición de Sevilla, en 1248.

Joanot Martorell

Novelista valenciano del siglo XV, fue autor del libro de caballerías Tirant lo Blanc. Fue armado caballero y tomó parte en el ambiente de los desafíos, peleas y batallas a las que se dedicaban los caballeros valencianos de la época.

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