El Romancero

¿Qué es el Romancero?

El Romancero es el conjunto de composiciones literarios que tratan temas de actualidad social o personal, mezclando lo narrativo con lo sentimental. Utilizan para ello unos recursos lingüísticos y métricos sencillos acuñados por la tradición.

La forma estrófica de los romances

Los romances son series indefinida de versos octosílabos, con rima asonante (sólo las vocales) en los versos pares.

Función mnemotécnica de los romances

La rima asonante de los romances es herencia de los “mesteres” y apenas tienen función artística. Su valor reside fundamentalmente en ser un recurso mnemotécnico, es decir, facilitar la memorización a través de las reiteraciones fonéticas finales y de otros elementos morfosintácticos internos. La facilidad para memorizarse es clave en una situación de analfabetismo general como la existente hasta épocas recientes.

Contenido de los romances

En la Baja Edad Media, con la nueva mentalidad individualista y sentimental, nace el Romancero como continuación de las funciones informativas y patrióticas que antes habían tenido los cantares épicos y los poemas narrativos. Persiste en él la preocupación por los problemas inmediatos. De aquí, y de la persistencia histórica y artístia del Romancero hasta hoy, nace su complejidad temática y su organización en ciclos o conjuntos de romances que desarrollan un tema común.

Tipos de Romancero

1) Romancero Viejo: Romances de los siglos XV y XVI. Son romances orales, tradicionales y anónimos.

2) Romancero Nuevo: Romances elaborados a partir del siglo XVII hasta la actualidad. Estos romances son escritos por escritores que admiran las composiciones anteriores y las imitan.

¿Quién crea los romances?

Los romances, nacidos en la Baja Edad Media y propagados en las épocas tienen sus orígenes en los poemas épicos.  A partir de estos poemas, los juglares, estudiando las reacciones del auditorio, van adaptando el género narrativo a los gustos del momento. De este modo, público y juglar se convierten en verdaderos coautores del Romancero que vive en continuo proceso de remodelación. Público y juglar van haciendo desaparecer los pasajes grandilocuentes y heroicos de los poemas épicos en favor de los episódicos y sentimentales. De este modo, surge el Romancer noticiero y fronterizo.

La invención de la imprenta en el siglo XV favoreció enormemente la difusión de los romances. Durante el siglo XVI se hicieron masivas y baratqas reproducciones de romances, que se denominaron pliegos de cordel o de caña, porque así se presentaban a la venta en los portales y en las tiendas.

En la Corte renacentista de los Reyes Católicos aparece la figura del poeta culto (el trovador), interesado en las formas expresivas populares. Así, son recuperados los antiguos cantares épicos y fijados por escrito en poemas más o menos cultos y en crónicas. El trovador, igualmente, interviene en la reelaboración de los temas épicos del Romancero y utiliza el romance para expresar sus intereses artísticos, cortesanos o humanísticos. Con él surge el Romancero novelesco y sentimental y a otros como el mitológico y el bíblico o religioso.

ROMANCERO VIEJO

Ciclo de romances épicos sobre don Rodrigo y la invasión islámica

A la muerte del último rey visigodo, Vitiza, se produjo una división del reino en dos bandos: los partidarios del heredero de Vitiza y los de don Rodrigo, que será el vencedor. Los musulmanes, en lo que llamaban su Guerra Santa, habían llegado a Marruecos y allí habían establecido relación con Olián, jefe de una tribu cristiano-marroquí, y seguidor de Vitiza. Cuando don Rodrigo sube al poder, Olián (que en el Romancero será llamado don Julián) se alió con los árabes, les entregó la ciudad de Ceuta y les invitó a atravesar el Estrecho, para ayudar a los vitizanos.

En el año 710 pasó un grupo no muy numeroso al mando de Tarif. En el 711 se presentó Tarik con un ejército mayor que, tras la batalla de Guadalete, derrotó a don Rodrigo, traicionado por los vitizanos.  A partir de ese momento, los árabes se extienden por la península ibérica.

La imaginación popular y los intereses político-militares configuraron una leyenda sobre estos hechos, con versiones adecuadas a cada bando en litigio. Los acontecimientos quedaron resumidos de la siguiente manera:

a) Episodios de amor y de venganza. La hija de don Olián (don Julián) había sido deshonrada en Toledo por don Rodrigo. Don Julián se vengó dejando pasar a los árabes.

b) Episodio de la traición. Los mozárabes cristianos que permanecieron en el territorio invadeido, convierten a Vitiza en culpable, y los árabes y vitizanos, a don Rodrigo.

Estas leyendas, perdidas en la tradición oral, quedaron recogidas en las crónicas, narraciones escritas en latín o en romance, de los acontecimientos más importantes.Y así llega la leyenda de don Rodrigo y la pérdida de España a la segunda mitad del siglo XV, cuando predomina el gusto por lo caballeresco y lo novelesco.

Ciclo de Romances épicos sobre Bernardo del Carpio

La figura de Bernardo del Carpio, su actitud de rebeldía contra el rey de inquina contra los franceses tiene sus orígenes en estos dos hechos históricos:

a) El resentimiento de la nobleza rebelde astur-leonesa contra Alfonso II el Casto (792-842) quien prescinde de sus servicios y, para luchar contra los árabes, se alía con Luis el Piadoso, gobernador de Carlomagno en la Aquitania francesa. Como consecuencia de esta ayuda, los franceses obtienen una serie de compensaciones, lo que hará aumentar el malestar de la nobleza astur-leonesa.

b) En el año 778, Carlomagno pentra por Cataluña, desplaza a los árabes hacia el sur y llega hasta Zaragoza. A su vuelta es derrotado en Roncesvalles. No está claro quién ni cómo consiguió esta victoria. Los franceses tratan de justificar lo que fue un error táctico inventándose una traición. Los españoles contrarrestan esta versión creando el personaje de Bernardo del Carpio, quien encarna los comportamientos sentidos por la dolida nobleza frente a la presencia francesa.

Ciclo de romances épicos sobre el conde Fernán González y la autonomía castellana.

La  Reconquista avanza hacia el sur y los cristianos llevan la frontera desde las montañas asturianas hasta el Duero. En esta tierra fronteriza nace el condado de Castilla. De sus condes, Fernán González es el que tiene las circunstancias político-militares propicias y la astucia suficiente para convertir el territorio en un condado independiente de León.

Castilla nace en medio de tres enemigos: los árabes por el Sur, Navarra por el Nordeste y León por el Noroeste. Fernán González y los castellanos aprovechan la debilidad del reino leonés para independizarse, apoyan a Navarra y persisten en la defensa de su territorio contra los árabes. La situación obliga a Fernán González y a los castellanos, a un comportamiento astuto y heroico que los cantores del Romancero van a recoger.

Ciclo de romances épicos sonre el tema de los siete infantes de Lara

Este ciclo desarrolla el conflicto sangriento que descompone la familia castellana de Gonzalo Gustioz y doña Sancha, conflicto que debió de existir en la realidad.

Ruy Velázquez, valiente caballero castellano, se casa con doña Lambra de Bureba, mujer malvada y resentida. A las bodas asiste el matrimonio Gustioz con sus siete hijos. En los juegos del festejo, un caballero fanfarrón que ha insultado

a los castellanos muere a manos de Gonzalo González, el menor de los Gustioz. Esto provoca que doña Lambra convenza a su marido castigue a los infantes de manera ejemplar.  Ruy Velázquez envía a don Gonzalo con un mensaje a Córdoba para que lo ejecute Almanzor y finge un encuentro con los moros que en realidad es una emboscada donde mueren los siete infantes y su ayo.

Don Gonzalo está preso en Córdoba cuando llegan las cabezas de sus hijos. Almanzor lo llama para que las reconozca y el padre llora y habla con cada una de ellas. Conmovido, Almanzor le recompensa con la compañía de una dama mora, con la que tendrá un hijo, Mudarra González, que con el tiempo matará a Ruy Velázquez y a doña Lambra, vengando así a su familia.

Ciclo de romances épicos sobre el Cid

El romancero sobre el tema del Cid es uno de los más extensos y complejos de los de tema épico.

La conversión de Castilla en reino condujo a la conversión del Cid en el personaje más destacado de la historia castellana. Sobre hechos históricos exactos, prevalecen en el conocimiento popular las transformaciones que en ellos ejercen los sentimientos. De héroe guerre, el Cid pasa pronto a ser líder político, como lo fue Fernán González.

El joven Cid, reelaborado en el siglo XIV, carece ya de rasgos épicos. Se da en él una mezcla rara de caballerosidad, aventurera y patriotismo castellano. Todo ello origina un persona bravucón, rebelde e insolente. Entre los múltiples episodios que protagoniza, cabría destacar los que han tenido más éxito en el Romancero como son los que se refieren a sus relaciones sentimentales con doña Jimena, que ha quedado huérfana por una pendencia de honor de su padre con el Cid; los romances que se refieren al cerco de Zamora; los amores de doña Urraca y el Cid; la traición de Bellido Dolfos; la muerte de Sancho II; el desafío entre zamoranos y castellanos que concluye en tablas, y, sobre todo, los romances que nacen del primitivo Cantar de Mio Cid; las luchas del Cid y los moros en torno a Valencia, las bodas de las hijas del Cid con los infantes de Carrión, su deshonra en el robledo de Corpes y el desafío final para vengar tal afrenta.

Ciclo de romances noticieros

El Romancero noticiero nace en el siglo XIV, recogiendo directamente sus contenidos de los acontecimientos más sugestivos del momento.

Castilla y el cristianismo han consolidado su superioridad frente a los árabes. Se ha cumplido la epopeya del asentamiento geográfico y cultura, recogida, como hemos visto en el Romancero épico. Pero aún falta una epopeya, la del asentamiento político; la de la lucha de la burguesía por hacer valer sus derechos ante la nobleza y el alto clero. Esta es la epopeya presente en el Romancero noticiero.

Ciclos de romances fronterizos

Durante los siglos XIV y XV se lucha en Castilla por la consolidación de la sociedad burguesa moderna o por la continuidad de los privilegios feudales de la nobleza y del alto clero. La burguesía pierde esta batalla y la nobleza impone sus criterios políticos y culturales. El Romancero deja de ser noticiero y verídico para recoger las actitudes y comportamientos de la nobleza.

A mediados del siglo XV se extiende entre los nobles la mentalidad caballeresca y aventurera, nacida de los libros de caballerías y las novelas sentimentales, de moda en ese momento.  La conquista del reino de Granada proporciona el marco para las gestas, idealizadas según el gusto de la época, que darán como fruto los romances fronterizos.

Otros romances: novelescos, sentimentales, picarescos, mitológicos…

El Renacimiento supone una revolución en el mundo cultural. La ciencia y el arte buscan sus fuentes de información y sus modelos de expresión en la antigüedad clásica grecolatina. La religión rechaza el ritualismo medieval y busca nuevos modelos en la Biblia y en los primeros años del cristianismo. Existe una actitud de recuperación del pasado más genuino que alcanza también al Romancero. Porque si en el siglo XIV se componen los romances, es éste el momento en que se recopilan en unos tomos pequeños, llamados Romanceros.

En España, a diferencia de otros países europeos, persisten las actitudes caballerescas y sentimentales aristocráticas de la Baja Edad Media. Esta mentalidad aristocrática gusta y pone de moda la narrativa caballeresca, la sentimental, la de aventuras o bizantina, la pastoril y la de tema religioso.

El Romancero no hizo sino recoger estos temas que eran de interés preferente en aquella sociedad. Los de contenido humanista (temas mitológicos y religiosos) fueron menos frecuentes, frente a los de tema popular, muy aceptados a pesar de que no fueron recogidos en textos escritos, quedando relegados a romances de tradición oral.

ROMANCERO NUEVO

El Romancero Nuevo mantiene las características esenciales del Romancero Viejo: sencilla métrica peculiar (octosílabos asonantados en los versos pares) y su conenido, en el que se mezcla de un modo especial, lo narrativo y lo sentimental. La diferencia es que este Romancero Nuevo lleva a sus últimas consecuencias la conciencia de creación personal, y el objetivo artístico es tan importante o más que el básico objetivo informativo o narrativo.

El Romancero en el Barroco

Las circunstancias sociopolíticas y culturales del Barroco hacen que el romance novelesco y sentimental del siglo XVI alcance su máxima expansión. Dichos romances son recogidos por músicos que les aplican melodías, tan populares algunas, que hacen olvidar el propio texto del romance. Este predominio musical lleva a que los romances, sin perder su organización métrica fundamental, agrupen su contenido en formas casi estróficas de cuatro versos, según las exigencias de las frases musicales.

Lope de Vega y Luis de Góngora son los dos romanceadores más importantes de la poesía del Barroco. Lope recoge en sus romances los múltiples episodios amorosos de su vida personal, mientras que Góngora suele aplicar al romance la musicalidad y ligereza que caracteriza a su poesía.

El otro camino por el que penetra el  Romancero en el Barroco es el teatro. La sencillez de expresión, el dramatismo y la agilidad comunicativa del romance cuadra perfectamente con los dramas barrocos.

El Romance en el siglo XVIII

El Romancero en el siglo XVIII se acomoda a los dos sectores (tradicional e ilustrado) que configuran la literatura de la época. El Romancero se hace en este siglo auténticamente popular y se convierte en el vehículo expresivo del acontecimiento inmediato o del problema personal. Conectados estrechamente con la sensibilidad popular, estos romances pierden en lirisimo y perfección artística lo que ganan en interés narrativa y acciones disparatadas.

En el bando ilustrado, el uso del romance es poco frecuente, por ser considerado chabacano y de origen popular. Queda reducido su uso a algunos romances de carácter didáctico (las Fábulas).

El Romance en el siglo XIX

Con el gusto por lo tradicional propio del siglo XIX aparece brevemente el Romancero como creación literaria. Mantiene su peculiar tono narrativo frente a otras formas métricas en El estudiante de Salamanca, de José de Espronceda (1808-1842). Mucho más extenso y significativo es el uso del romance en El paso honroso, Florida o en El moro expósito del duque de Rivas. Poco a poco, el romance histórico se va convirtiendo en novelesco y costumbrista, como se puede apreciar en los romances de José Zorrilla (1817-1893), que dirige ya su producción de romances hacia el puro terreno narrativo de la leyenda. La aportación más importante del Romancero que se realiza en este siglo procede de los investigadores que se preocupan por recoger los fundamentos históricos y culturales de la nueva clase social que entraba a protagonizar la Historia.

El romance en el siglo XX

El principio del siglo XX vivió la práctica desaparición del Romancero. Sin embargo, permaneció el  romancero interno, es decir, ese hábito cultural, artístico y lingüístico que nació con el idioma y con el temperamento hispánico, allá en los años problemáticos del nacimiento de Castilla. Ahora, cuando parece que se pierde el sustrato humano popular, siguen apareciendo en el arte lírico poetas a los que hay que considerar como el “pueblo” más puro y consciente del momento actual. Pueblo auténtico son los poetas de la Generación del 98, los del modernismo español, los de la Generación del 27, los que pasaron por la guerra civil y los que se perdieron en ella. Todos ellos compusieron romances que o bien rehuían el dolor escondiéndose en el universo armónico del lenguaje, o bien, se enfrentan al dolor y lo gritan.

¿OS APETECE OÍR ALGUNOS ROMANCES?


Los romances son un género de transmisión eminentemente oral. Por ello, qué mejor opción para disfrutar de ellos que oírlos recitados por diversos actores:

Romance la jura de Santa Gadea recitado porManuel Dicenta.

Romance la muerte de don Álvaro de Luna recitado por Luis Prendes.

Romance de Rosaflorida, recitado por Luis Prendes.

Romance del infante vengador, recitado por Manuel Dicenta.

Romance de Abenámar, recitado por Manuel López Castilleja

Romance de Fontefrida, recitado por Manuel López Castilleja

Romance del moro que perdió Valencia, recitado por Manuel López Castilleja.

Romance Yo m’era mora Moraima, recitado por Manuel López Castilleja.

Romance de la luna, luna de Federico García Lorca, recitado por Ayanta Barilli.

Por último, unos romances compuestos por alumnos de 3º y 4º de ESO del Instituto Santa Luisa de Marillac, leídos por ellos mismos en la Radio Escolar Santa Luisa de Marillac.

Como sabemos, a los romances se les ponía música. Aquí podéis ver una versión musicalizada del Romance del enamorado y la muerte, interpretado por Amancio Prada:

O el Romance del conde Arnaldos, también interpretado por Amacio Prada:

Y, por último, el magnífico Romance del prisionero:

[Fuente: Introducción de Juan Ávila Arellano a  la edición de El Romancero de la Biblioteca Anaya Didáctica, Madrid, 1985]
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