El combate contra un gigante

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Una de las aventuras más habituales en los libros de caballerías es el combate contra un gigante, que, con su desmesurada estatura, su fealdad y, sobre todo, sus malas costumbres, representa la imagen contraria del buen caballero andante; frente a la soberbia y el orgullo del gigante, el caballero ofrece su humildad y fortaleza, que le lleva a conseguir la victoria frente a tan desaforado enemigo. En el quinto libro de Amadís de Gaula, y bajo el nombre del Caballero Negro, Esplandián lucha y vence al gigante Matroco, lo convierte al cristianismo y libera de su prisión al rey Lisuarte. A continuación puedes leer un fragmento del Cirongilio de Tracia donde el valiente Caballero del Lago (Cirongilio de Tracia) vence al terrible gigante Parpasodo Piro:

“Cuando el caballero le vio, al punto se le representó en la memoria aquel esquivo jayán que en el Lago Temeroso venció y gran pavor recibió viendo su despejada grandeza y desproporcionadas facciones; las cuales eran la manera que aquí se representarán, sin salir un punto de la verdad, antes quitando mucha parte, porque no sea causa de incredulidad, ni sea tenido por fábula: tenía la cabeza tan grade que de un ojo a otro había un palmo de distancia, y de la frente a la barba más que una vara de medir; y los ojos parecían en su rostro en la forma y aspecto que suele tener el sol cuando sube en el solsticio de Capricornio, y con el enojo que trae derramaba por ellos centellas de fuego, bien de la manera que resulta en el tocamiento y calibico congreso en la cilicina piedra herida. Diferían sus narices muy poco de las de su caballo, el humo de las cuales, que acompañaba las oculares centellas, representaban en su luciferina cara el étnico y encendido fomace que nos fue insinuado por los antiguos. Remediaba su boca a la del Can Cervero, de cuyo conocimiento hizo crueles experimentados los latinos. Tenía de la cabeza a los hombros tan poco espacio que señal ninguna de cuello en él se juzgaba. El brazo tenía tan grueso que tres hombres juntos no le abrazaran. La grandeza y altura de él no se dice, porque para colegirla, a mi vez, basta lo dicho. […]
Grande fue la saña que el jayán cobró con las osadas razones del caballero, viendo en cuán poco le tenía y cómo le ultrajaba tan sin temor; y sin decirle palabra, dando al caballo de las espuelas, la maza alta, con la mayor braveza del mundo movió para el caballero, que, la lanza baja, al más correr de su caballo lo venía a recibir. Y fue tal encuentro que, como si diera en una gran torre, la lanza fue hecha piezas sin hacer el jayán más sentimiento. El jayán alzó su maza por herirle encima de la cabeza, pero el caballero pasó tan presto que el golpe fue en el aire y con la fuerza que llevaba, no pudiendo el jayán detenerla, la maza bajó a la frente de su caballo y, haciéndose pedazos, cayó muerto en tierra…”
Bernardo de Vargas, Cirongilio de Tracia,  1545.

Molinos-de-Viento-Don-Quijote

Don Quijote tiene muy presentes a los gigantes como uno de los más habituales enemigos de un caballero andante; así la sobrina le cuenta al barbero Maese Nicolás cómo su tío, después de leer aventuras caballerescas en sus libros, los dejaba a un lado y con las espada se ponía a dar cuchilladas por toda la casa y “decía que había muerto a cuatro gigantes como cuatro torres y el sudor que sudaba del cansancio decía que era sangre de las ferias que había recebido en la batalla; y bebíase luego un gran jarro de agua fría, y quedaba sano y sosegado, diciendo que aquella agua era una preciosista bebida que le había traído el sabio Esquife, un grande encantador y amigo suyo.” (capítulo 5,  1ª parte). Por eso no debe extrañar que confunda a los molinos con gigantes. La aventura (y la diversión) está servida.

[Textos extraídos de la edición digital de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, realizada por la Biblioteca Nacional de España y el Ministerio de Cultura; la edición digital de Don Quijote de la Mancha, realizada por el Instituto Cervantes y dirigida por Francisco Rico; la edición de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, dirigida por Andrés Amorós para la editorial SM; la edición de Don Quijote de la Mancha, realizada por Ángel Basanta, para la editoria Anaya.]
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