“Ni miento ni me arrepiento”: Jorge Manrique

Monumento a Jorge Manrique en Segura de la Sierra (favataragora.com)


“Ni miento ni me arrepiento” fue la divisa que llevó Jorge Manrique

 

GLOSA A SU MOTE QUE DICE: “NI MIENTO NI ME ARREPIENTO”

Ni miento ni me arrepiento,
ni digo ni me desdigo,
ni estoy triste ni contento,
ni reclamo ni consiento,
ni fío ni desconfío;
ni bien vivo ni bien muero,
ni soy ajeno ni mío,
ni me venzo ni porfío,
ni espero ni desespero.
Jorge Manrique
 

Jorge Manrique, sobrino del escritor Gómez Manrique y miembro de una familia fuertemente involucrada en la política y en la milicia, es el máximo representante de la lírica castellana del siglo XV. Para aquellos que siente un inusitado interés por las vidas ajenas, les propongo que abandonen por un momento los programas de cotilleos y se adentren en la vida de este soldado valeroso, amante desgraciado y gran poeta:

Jorge Manrique pertenecía a una de las familias más antiguas e ilustres de Castilla, que desempeñó una función fundamental en la vida política y militar del reino. El poeta, sin embargo, se mantuvo en segundo plano, a la sombra de su padre, don Rodrigo Manrique, un hombre de personalidad arrolladora a quien Jorge Manrique dedicó sus mejores versos. Al igual que sus antepasados (especialmente su tío Gómez Manrique), conjugó con gran eficacia la profesión de militar, casi obligada para un noble en esa época, con la afición a las letras, cada vez mejor vista entre los poderosos por influencia del humanismo.
Pocas cosas sabemos de la vida de nuestro poeta, y eso resulta revelador, porque nos da a entender que no fue un personaje demasiado conocido. Jorge Manrique fue el tercer o cuarto hijo de don Rodrigo Manrique y doña Mencía de Figueroa, y en su calidad de segundón debía elegir entre la iglesia o un papel discreto como capitán de las huestes de sus padre. Al cerrársele la puerta eclesiástica, parece que se decantó por la carrera militar, en la que tuvo una actuación bastante mediocre, al menos en comparación con sus antecesores. Para empezar, ignoramos la fecha y el lugar de su nacimiento. Por diversas conjeturas, se ha especulado que nuestro poeta podría haber venido a este mundo alrededor de 1440 en Paredes de Nava (Palencia) o en Segura de la Sierra (Jaén). Aún niño quedó huérfano de madre, y al cabo de dos años, hacia 1446, su padre contrajo matrimonio con doña Beatriz de Guzmán.
De su padre es posible que el poeta recibiera no solo la formación militar, sino también la intelectual (de don Rodrigo se conservan varios poemas), aunque, en esta última faceta, quien debió influirle de modo decisivo fue su tío Gómez Manrique, poeta ya muy famoso en la década de los cincuenta.
Don Jorge se casó hacia 1750 en Toledo con la hermana pequeña de su segunda madrastra, doña Guiomar de Meneses, con quien el poeta tuvo un hijo y una hija. Da la impresión de que don Rodrigo debió de organizar su propia boda y la de su hijo para paliar la precaria economía de la familia. Las novias aportaron como dote una considerable suma de dinero: doña Elvira, dos millones de maravedíes, y doña Guiomar, un millón. Don Jorge empleó casi todo el dinero de su esposa en atender los compromisos de su padre. Fuera por este motivo o por otros, el caso es que nuestro poeta no fue feliz en su matrimonio, y doña Guiomar, en su testamento, acusó a Jorge Manrique de malos tratos y de una conducta demasiado irascible.
Por lo que respecta a las acciones bélicas, que sepamos, don Jorge siempre intervino en campañas dirigidas contra sus adversarios políticos en Castilla, defendiendo los intereses de la familia. Como caballero de una orden militar, lo normal habría sido que hubiese contribuido a la reconquista de la península, pero en realidad no fue así debido a las continuas guerras internas que asolaron el reino en la época de Enrique IV. De 1465 a 1467 don Jorge intervino, junto a su padre y hermano mayor, en el cerco y conquista de la fortaleza de Montizón, de la que acabó siendo comendador por la orden de Santiago. A finales de 1470 dirigió las tropas que lucharon contra las de don Juan de Valenzuela, a quien el rey había nombrado Prior de la Orden de San Juan, en detrimento de un primo del poeta, don Álvaro de Estúñiga. La batalla tuvo lugar en Ajofrín, y en ella los cronistas atribuyen a don Jorge una actuación muy meritoria como estratega.
A partir de 1474 encontramos numerosas referencias a nuestro poeta en actividades de diverso signo, la mayoría de carácter militar. En este años Manrique asiste al capítulo general de caballeros de Santiago, celebrado en Uclés o en Ocaña, que escoge a su padre como Maestre de la Orden. Ya en 1445 don Rodrigo se había arrogado el maestrazgo de Santiago, por considerar inválido el nombramiento en el cargo de don Álvaro de Luna, el ministro más influyente del reinado de Juan II, pero que no era caballero de la Orden. Desde ese momento, el padre de nuestro poeta mantuvo una lucha desigual contra el rey y su ministro, a consecuencia de la cual perdió gran parte de sus bienes y posesiones. En 1446, Juan II le ofreció paz, exigiéndole a cambio el acatamiento a don Álvaro, pero don Rodrigo no la aceptó hasta 1452, fecha en que obtuvo la devolución del patrimonio que le había sido confiscado. Sin embargo, pronto él y toda su familia volvieron a perder sus bienes al rebelarse de nuevo contra Juan II, posesiones que sólo les fueron restituidas en 1454 gracias a la amnistía del nuevo rey, Enrique IV, a quien don Rodrigo no tardó en negarle su apoyo debido a un problema familiar en que el monarca no favoreció sus intereses.
Por esta razón, desde 1460 el padre del poeta encabezó todos los movimientos de oposición al gobierno establecido. Llegó incluso a preparar un golpe de estado contra el rey, que fue abortado. En 1465, don Rodrigo participó en Ávila en una ceremonia en que unos nobles disidentes destituyeron simbólicamente a Enrique IV para coronar a su hermanastro el infante don Alonso, que a la sazón sólo tenía once años. Por el apoyo prestado al nuevo monarca, el padre del poeta recibió el título de Condestable de Castilla, cargo que ejerció de manera clandestina. Sin embargo, en 1468 murió el joven infante, tal vez envenenado, y el grupo de nobles que se oponía a Enrique IV, se decantó por la hermanastra del rey, la futura Isabel la Católica, quien en 1460 contrajo matrimonio, a espaldas del monarca, con su primo el infante don Fernando de Aragón. Entonces Enrique IV proclamó como heredera al trono a su hija, doña Juana, apodada La Beltraneja por sus adversarios, dado que en verdad creían que no era hija del monarca, sino de su privado don Beltrán de la Cueva. A la muerte del rey, en 1474, en Castilla estalló una guerra civil por la sucesión al trono entre el bando de los jóvenes príncipes y el de Juana y Alfonso V de Portugal, con quien la Beltraneja contrajo matrimonio. Don Rodrigo Manrique y su familia, desde entonces, mantuvieron una leal adhesión a los futuros Reyes Católicos, a pesar de que no siempre fueron debidamente recompensados.
Ignoramos qué papel desempeñó don Jorge en todas estas intrigas y sediciones de su padre, pero cabe creer que se mantuvo siempre a su lado, desde el momento en que contara con la edad suficiente para intervenir en conflictos bélicos. Desde 1475 participó junto a su padre en una serie de campañas militares por las tierras del Tajo y del Guadiana en la reconquista para Isabel y Fernando de una serie de ciudades (Alcaraz, Ciudad Real, Uclés) que el segundo marqués de Villena y el Maestre de Calatrava habían tomado para Juana la Beltraneja. Pero el 11 de noviembre de 1476 don Rodrigo murió en su villa de Ocaña a causa de una úlcera cancerosa en el rostro.
Al año siguiente, Jorge Manrique protagoniza un episodio cuyas graves consecuencias no acertó a prever. El caso fue el siguiente: tras arrebatar la ciudad de Baeza al Maestre de Calatrava, los Reyes Católicos se la habían encomendado en 1476 al conde de Cabra, quien, al ausentarse de la ciudad, la dejaban en manos de su hijo don Diego. En una de esas ausencias, don Diego ordenó que se desterrara de Baeza a los Benavides, parientes y amigos de los Manrique. Para prestar ayuda a sus familiares, en abril de 1477 Jorge Manrique intervino en el intento de derrocamiento del hijo del conde de Cabra; sin embargo, las tropas asaltantes fueron derrotadas, y don Jorge cayó preso y fue acusado de desacato a los Reyes Católicos. Una vez liberado, fijó en el lugar más público de la ciudad un cartel en que desafiaba a quienes se empeñaran en acusarlo de desobediencia o deslealtad. Transcurrido el plazo de treinta días que marcaba el cartel sin que nadie respondiera al desafío, Isabel y Fernando lo dieron por exculpado.
El 30 de septiembre de 1478 los Reyes Católicos confiaron a Jorge Manrique una importante misión como capitán de la Hermandad del reino de Toledo, cuerpo armado cuyo cometido era mantener el orden público y controlar los abusos de la nobleza. Don Jorge debía recuperar para los Reyes Católicos una serie de fortalezas que el segundo marqués de Villena tenía ocupadas, pero en el asalto de una de ellas cayó gravemente herido. Murió a los pocos días, el 24 de abril de 1479, en Santa María del Campo (Cuenca), y fue enterrado en Uclés, junto a su padre.
 
[Extraído de la magnífica edición de la Poesía de Jorge Manrique realizada por Bienvenido Morros en la editorial Vicens Vives.]

En este vídeo de Castilla y León Televisión nos cuentan algunas cosas de su vida (por si os ha dado pereza leer el texto anterior):

Este documental de la UNED nos acerca también a la vida y la obra del poeta:

https://canal.uned.es/mmobj/iframe/id/26910

Podéis oír también este podcast del programa Sexto Continente de Radio Exterior de España, adaptado por Lourdes Domenech:

Ir a descargar
 

LA OBRA DE JORGE MANRIQUE

Su obra es bastante reducida. La constituyen unas cincuenta composiciones en arte real octosílabo, la mayoría de los cuales son poemas amorosos de circunstancias. Pero su notoria fama se debe, quizá, a una sola obra, muy alejada de la temática amorosa de las Coplas a la muerte de su padre.

Las Coplas, compuestas por cuarenta estrofas de pie quebrado, son una de las elegías más emotivas de nuestra literatura. En ellas están presentes algunas de las ideas que avanzan la visión del mundo propia del humanismo, base del Renacimiento del siglo XVI. Manrique reflexiona sobre lo inexorable de la muerte, que es algo consustancial a la vida, sobre la fugacidad de las glorias terrenales y sobre la perdurabilidad del individuo en la memoria de los demás, como consuelo ante la idea de la muerte absoluta.

Con las Coplas Jorge Manrique pretende levantar un monumento conmemorativo que glorifique la figura de don Rodrigo Manrique y asegure su pervivencia a través de la fama. El poema comienza con una reflexión moral de tinte estoico y cristiano sobre el significado de la muerte. Sigue una elegía donde el poeta expresa su dolor por la muerte de quien fue su padre y noble destacado en la corte. En esta sección se incluye la evocación nostálgica de una época pasada, la que corresponde al esplendor de la corte de Juan II. Al sentimiento de dolor y pérdida le sucede el elogio triunfal de Rodrigo, del que se ensalzan sus virtudes morales y su actuación militar y política. Cierra el poema el relato de su muerte, que se presenta como la muerte ejemplar de un caballero cristiano.

Podéis ver este capítulo de la serie de RTVE “Paisaje con figuras”, dedicado a las Coplas de Jorge Manrique:

LEER LAS COPLAS

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¿Te da pereza leer las Coplas? ¿Prefieres que un actor las recite para ti? No te las pierdas por vago/a. Escucha las Coplas a la muerte de su padre de Jorge Manrique relajadamente. Simplemente, haz clic en el bebé.

COMENTAR LAS COPLAS

Hemos estado comentando las Coplas en clase (a la velocidad de vértigo que nos impone este loco temario), pero quizás os venga bien este comentario de las Coplas, elaborado por las profesoras Lourdes Domenech y Ana Romeo. Si queréis, podéis consultar el comentario literario de la Copla III de las mismas autoras.

Podéis recordar la teoría y practicar alguna actividad aquí. Estas actividades del Proyecto Ciceros también os pueden venir bien. Puedes repasar todo lo demás, pero las actividades sobre Jorge Manrique aparecen en el número 11. Estas otras también están muy bien.

Un libro interactivo elaborado por Manuel Guerrero os puede ayudar a repasar. Ya sabéis, haced clic en la imagen:

LAS COPLAS CON MÚSICA

Para los que les gusten las versiones cantadas, pueden escuchar la de Paco Ibáñez:

Si os han gustado las Coplas (y aunque no), quizás os guste también esta “versión actualizada” del poeta Luis García Montero titulada Coplas a la muerte de un colega. Hay también una versión de este poema cantado por el grupo punky granadino TNT:


 
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Juan de Mena (1411-1456)

Portada de Las trescientas de Juan de Mena (albendindesdelatorre.blogspot.com)

No le podremos dedicar mucho tiempo en clase, pero es un personaje interesante. Para los ávidos de conocer vidas ajenas, ahí va su biografía:

Sabemos que nació en Córdoba en 1411. Su presunta condición de converso ha sido discutida. Quedó huérfano desde muy niño. Debió de estudiar en su ciudad natal, hasta que a los veintitrés años se trasladó a Salamanca. Posiblemente, se licenció como maestro en artes.
Marchó luego a Italia, tal vez bajo la protección del cardenal Juan de Cervantes; debió de ser un viaje fundamental para su formación humanística. Se ha dicho que regresó pronto a España, hacia 1434. Sin embargo, Beltrán de Heredia, a raíz del hallazgo de unos documentos en el Vaticano, quiere demostrar que estuvo en Florencia en 1442 y 1443 con la corte pontificia y que era clérigo, extremo que no ha sido suficientemente dilucidado.
De regreso a España, fue nombrado secretario de cartas latinas por Juan II y cronista oficial, probablemente en 1444. Era, además, caballero veinticuatro de la ciudad de Córdoba. El resto de su vida se desarrolló en círculos cortesanos donde gozó de gran favor. Se mantuvo siempre fiel al rey Juan II y al condestable Álvaro de Luna, a quien elogió en más de un poema. Sin embargo, cuando éste fue decapitado, aceptó de Juan II una renta anual procedente de los bienes confiscados al condestable. Probablemente se casó dos veces, la última poco antes de su muerte; no tuvo descendencia.
Una vez fallecido Juan II, se retiró de la corte. Murió en Torrelaguna en 1456.
 
PEDRAZA, Felipe B. y RODRÍGUEZ, Milagros (1984), Manual de literatura española. Edad Media (1), Pamplona: Cenlit.
 

Fue uno de los mejores latinistas de su época. Compuso numerosas cantigas y decires amorosos de tono intelectual y estilo artificioso. También escribió la Coronación del marqués de Santillana y las Coplas a los pecados mortales. No obstante, su obra más destacada es el Laberinto de Fortuna, conocido también como Las trescientas, por ser éste el número de estrofas que componen la obra. Es un extenso poema en coplas dodecasílabas, de carácter alegórico y, de nuevo, con evidente influjo de la Divina Comedia de Dante.

Su afán por crear un lenguaje poético que pusiera la lengua castellana al mismo nivel de solemnidad y perfección que la latina le llevó al uso de cultismos, hipérbatos y alusiones de carácter mitológico, histórico, etc., que hicieron de su lengua poética un modelo de gran dificultad. Un ejemplo, Juan de Mena define el amor con tres adjetivos que hoy nos resultan totalmente desconocidos: “el amor es ficto, vaníloco y pigro” (o lo que es lo mismo:”el amor es falso, de habla vana y perezoso”). Estos tres adjetivos son transposiciones de palabras latinas (fictus, vaniloquus y pigrus) que nunca se incorporaron al léxico castellano.

Diosa Fortuna (musicaysecundaria.blogspot.com)¿Os interesa saber de qué trata el Laberinto de Fortuna? Fácil, hacéis clic aquí y disponéis de una edición digital de la obra.

¿Sois más de manuscritos y os apetece ver la letra de un excelente calígrafo que copió las obras de Ausias March y Juan de Mena? No hay problema: aquí están.

¿Os ha intrigado la obra completa de Juan de Mena? Aquí la tenéis enterita, con la Coronación del marqués de Santillana y las Coplas a los pecados mortales.

[Créditos de las imágenes: Rueda de la Fortuna (musicaysecundaria.blogspot.com)]
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Íñigo López de Mendoza, el marqués de Santillana

Retrato del marqués de Santillana (alerce.pntic.mec.es)

Íñigo López de Mendoza, conocido como el Marqués de Santillana, fue un hombre de una vasta cultura. Intervino activamente en la corte de Juan II, pero compaginó su vocación política y militar con el cultivo de la literatura. Como poeta utilizó las formas de la poesía culta castellana, pero también se acercó a las formas y a los temas de la poesía italiana.

En las formas castellanas deben considerarse sus Canciones y sus Decires. Entre éstos destacan El infierno de los enamorados y el Diálogo de Bías contra Fortuna.

Entre sus poemas de arte mayor son notables la Comedieta de Ponza (composición en 120 estrofas, con una clara voluntad de imitación de la Divina comedia de Dante), y la Defunción de don Enrique de Villena.

Como experimentador de las formas métricas italianas procedentes de Petrarca, llevó a cabo los primeros intentos por introducir el verso endecasílabo en nuestra lengua con sus Sonetos fechos al itálico modo. A propósito de estos sonetos siempre se ha comentado que el Marqués de Santillana fracasó en su intento de aclimatar el soneto a la poesía castellana. Tal vez os interese comprobar si esto fue realmente así, leed este poema a ver qué os parece:

Cuando yo veo a la gentil criatura
que el cielo, acorde con naturaleza
formaron, loo mi buena ventura.
El punto y hora de tanta belleza
me demostraron, y su hermosura,
que sola de loor es la pureza;
mas luego torno con igual tristura
y plango y quéjome de su crueza.
Que no fue tanta la del mal Thereo,
ni hizo la de Achila y de Potino,
falsos ministros de ti, Ptholomeo.
Así que lloro mi servicio indigno
y la mi loca fiebre, pues que veo
y me hallo cansado y peregrino.

O este otro:

Lejos de vos y cerca de cuidado,
pobre de gozo y rico de tristeza,
fallido de reposo y abastado
de mortal pena, congoja y braveza,
 
desnudo de esperanza y abrigado
de inmensa cuita y visto de aspereza,
la mi vida me fuye, mal mi grado,
la muerte me persigue sin pereza.
 
Ni son bastantes a satisfacer
la sed ardiente de mi gran deseo
Tajo al presente, ni me socorrer
 
la enferma Guadïana, ni lo creo.
Sólo Guadalquivir tene poder
de me guarir y sólo aquél deseo.

Las obras anteriormente indicadas pueden leerse en una versión digitalizada de la Biblioteca Virtual Cervantes haciendo clic sobre el título de la obra que se desee leer. Para aquellos que sois más de escuchar, podéis oír estas obras del Marqués:

Cancionero del marqués de Santillana (foroxerbar.com)

Poema en audio: Después que nascí… (Serranillas 3) de Marqués de Santillana por Manuel Dicenta

Poema en audio: La vaquera de la Finojosa (Serranillas 7) de Marqués de Santillana por Manuel Dicenta“. De esta serranilla os incluyo además un comentario de una de las más famosas: La vaquera de la Finojosa, elaborado por profes.net, que os puede ser útil para practicar el comentario de texto.

Poema en audio: Mozuela de Bores… (Serranillas 4) de Marqués de Santillana por Manuel Dicenta

Poema en audio: A Nuestra Señora de Guadalupe de Marqués de Santillana por Dámaso Alonso, Eulalia Galvarriato, Eulalia Soldevilla, Luis Miguel y Rosalía Payno

También podéis trabajar algunos de sus textos en estos ejercicios sobre la misma serranilla.

¿Te ha fascinado la vida y la obra del Marqués de Santillana? ¿Necesitas saber más? ¿Quieres investigar sobre el tema? La página web del Centro Virtual Cervantes sobre el Marqués de Santillana te ofrece diversos estudios sobre la vida y la obra del Marqués de Santillana.

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La poesía cortesana. Cancioneros españoles del siglo XV

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En los dos primeros tercios del siglo XV la nobleza se reunía en palacios de reyes y grandes señores y centraba su actividad en el cultivo de las ceremonias cortesanas y de la poesía, como forma de evasión del desorden sociopolítico imperante.

La poesía cortesana castellana del siglo XV tiene su base en la poesía trovadoresca provenzal, que hemos visto en otra entrada, y desarrolla, fundamentalmente, el tema amoroso basándose en la ideología del amor cortés.

Sin embargo, ya habían pasado tres siglos desde los trovadores y el sistema feudal, que en el siglo XII era pujante y en el siglo XV está a punto de desaparecer. Los nobles ven que, el rey por arriba y los burgueses por abajo, están obteniendo parte de sus grandísimos privilegios. No resulta conveniente, por ejemplo, vivir en un alejado castillo, es mejor acercarse a la corte del rey y buscar el poder por la vía del agrupamiento político y de la conspiración, sin ingenuas actitudes de independencia.

Chansonier cordiforme

Chansonier cordiforme

Del espíritu trovadoresco, la poesía cortesana solo conserva el afán de demostrar habilidad o ingenio en las canciones. Pero resulta que a las rígidas normas de contenido y de forma que los trovadores impusieron, cada generación ha ido añadiendo otras nuevas, hasta convertir el arte de la poesía en un saber complicadísimo, una ciencia que había que estudiar a fondo para dominarla. Por eso la poética recibió el nombre de Gaya Ciencia y está llena de dificultades.

Los textos resultantes tienen grandes dificultades en el contenido por la sutileza y la complicación de los conceptos expresados. También son difíciles en la forma: además de la complicación métrica, alardes de virtuosismo, como hacer que todos los versos de una estrofa empiecen por la misma letra, o que formen acrósticos, o que todas las estrofas tengan el mismo número de sílabas. Surge así una poesía cortesana, cuya máxima virtud reside en la sutileza del análisis sentimental y en la dificultad de sus formas.

Veremos algunos de estos poemas en clase, pero ahora puedes leer este poema de Juan de Mena:

Fin será de mi vivir
esta norma por mí dicha,
y entiendo de así sufrir
que en ella espero morir
si no lo estorba la dicha;
mas no lo podrá estorbar,
porque no tendrá poder:
aunque me pueda matar
no podrá tanto mandar
que iguale con mi querer.

El contacto del Reino de Aragón con Italia (no olvidéis que desde Alfonso V, la Corona de Aragón incluía también de Nápoles, Córcega, Sicilia y Cerdeña: recordad, Corona de Aragón, no os dejéis liar…) permitió que los poetas de sus cortes conocieran, sin las interferencias religiosas medievales, las literaturas clásicas, griega y latina, sobre todo sus autores más moralizadores y severos. Y también los “modernos” escritores italianos: Dante y Petrarca. Con la llegada de estas nuevas ideas que, en cierto modo están en contra del amor cortés, se habla por primera vez de poetas para referirse a los autores líricos. Así, como dirá Rafael Lapesa, ahora se distingue al trovador, que representa los aspectos más superficiales de la poesía, del poeta, que tiene aspiraciones literarias más elevadas.

Esta poesía se denomina también poesía cancioneril, esto se debe a que se encuentra recopilada en cancioneros, especie de antologías poéticas. Algunos constituyen auténticas obras de arte, pues están decorados con lujosas ilustraciones.

La Asociación Internacional Convivio para el Estudio de los Cancioneros y la poesía medieval ofrece a aquellos interesados en este tema una extensa documentación a través de la página web de la Biblioteca Virtual Cervantes:

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CANCIONERO DE BAENA

Uno de los cancioneros más interesantes es el Cancionero de Baena. Si te interesa saber más sobre este tema, o te apetece investigar, puedes hacer clic sobre la imagen del primer folio del Cancionero, entrarás en el Portal Juan Alfonso de Baena, donde encontrarás información sobre el manuscrito y su contenido. Muy interesante, de verdad.

CANCIONERO DE ESTÚÑIGA

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Es el cancionero de la corte napolitana de Alfonso V de Aragón. Lleva el nombre del primer poeta que aparece en el cancionero, Lope de Estúñiga. En este cancionero hay una clara preferencia por la lírica amorosa, en especial por la canción en la que el enamorado llora sus penas de la forma más alambicada. También hallamos poesía política, muy ligada a los sucesos cotidianos, satírica, festiva, elegíaca y moral.

Si os apetece echarle un vistazo, puedes consultar la edición digitalizada de la Biblioteca Nacional haciendo clic en la imagen. Miradla, es muy bonita.

CANCIONERO DE PALACIO

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Procede de Aragón. Recoge la poesía de la corte de Juan II de Castilla y de la aragonesa de Alfonso V. Su tono es marcadamente cortesano y aristocrático. La mayoría de los poetas representados son de alta alcurnia. Muestra una clara predilección por la poesía amorosa al modo trovadoresco, sumamente conceptista y amanerada, con tendencia al pesimismo y la melancolía.

No olvidemos, en todo caso, que todos estos poemas se cantaban. Podéis oír esta composición de Juan del Encina titulada “Más vale trocar”, recogida en el Cancionero de Palacio:

 

 

CANCIONERO DE HERBERAY DES ESSARTS

Fue recopilado en la corte navarra en torno a 1465. Su nombre se debe a que perteneció al noble picardo Nicolás de Herberay, señor des Essarts, gran aficionado a las letras españolas. Contiene numerosos poemas anónimos, atribuidos a Diego de Urries. Tiene también tono cortesano.

CANCIONERO GENERAL DE HERNANDO DEL CASTILLO

portadaPublicado en Valencia en 1511, recoge la obra de los poetas menores de la corte de los Reyes Católicos, aunque también incluye otras de tiempos de Juan II y de Enrique IV.

Siguen cultivándose los mismos temas y motivos con estilo igualmente amanerado, pero se abren camino los géneros populares y la poesía religiosa. El verso se hace más musical. Predomina la composición breve y conceptuosa. Esta antología tuvo un éxito enorme y conoció sucesivas reediciones que llegaron a incluir versos de la escuela de Garcilaso.

[Textos: Lengua castellana y Literatura (I) del Grupo Juan de Mairena, Madrid: 1997, Akal.]

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El amor cortés

Codex Manesse (Digitalización de la Universidad de Heildelberg: http://digi.ub.uni-heidelberg.de/)

El tema principal de la poesía cortesana es el amor y su ideología, el amor cortés.

La concepción del amor en la poesía de los cancioneros se complica con ideas científicas, filosóficas y sociales propias de la época. En muchas ocasiones, el amor se presenta como una enfermedad psicosomática, pues la medicina consideraba que, en caso de descuidarlo, el amor podía llevar a la locura y a la muerte.

Codex Manesse Whalter Von Klingen (http://digi.ub.uni-heidelberg.de/)

El amor es una fuerza sobrecogedora que se incrementa con la resistencia de la amada: se acepta el sufrimiento por amor, y hasta se halla placentero; incluso se prefiere la muerte por amor a su carencia. A veces, la mujer aparece como “la bella dama sin piedad” a la que el enamorado suplica inútilmente; el galán destaca por su pasividad, limitándose al lamento y al ruego.

El léxico expresa metafóricamente el sometimiento del caballero a la dama: servicio, servir, servidumbre, cárcel, cautivo. También se relaciona con la guerra: la dama como fortaleza; la herida causada por la dama; las armas alegóricas del amor…

En muchos casos, se percibe una corriente de erotismo, que puede incluso llegar a ser obscena. Con eufemismos elegantes se alude a las relaciones sexuales; palabras como morir, muerte, paraíso, servir, dolor, vencer, merecer, galardón, pena… adquieren valores relacionados con el sexo.

Aquellos de vosotros que os sintáis interesados por esta filosofía del amor podéis consultar la página web del profesor A. Robert Lauer, donde os explica las principales corrientes teóricas en las que se apoya esta ideología y algunos textos importantes.

Si os apetece leer algunos poemas donde se refleja esta ideología, aquí están:

Vuestros ojos me miraron
con tan discreto mirar,
hirieron e no dejaron
en mí nada por matar.
Y aun ellos no contentos
de mi persona vencida,
dan a mí tales tormentos
que me tormenta la vida;
después que me sojuzgaron
e no con poco pensar
hirieron e no dejaron
en mí nada por matar.
Juan de Mena

.

Si Dios, nuestro Salvador,
hobier de tomar amiga
fuera mi competidor.
Aun se m’ antoja, Señor,
si esta tema tomaras,
que justas e quebrar varas
hicieras por su amor.
Si fueras mantenedor,
contigo me las pegara,
e non te alzara la vara,
por ser mi competidor.
Álvaro de Luna

.

No tardes, Muerte, que muero;
ven, porque viva contigo;
quiéreme, pues que te quiero,
que con tu venida espero
no tener guerra conmigo.
Remedio de alegre vida
no lo hay por ningún medio,
porque mi grave herida
es de tal parte venida,
que eres tú sola remedio.
Ven aquí, pues, ya que muero;
búscame, pues que te sigo
quiéreme, pues que te quiero,
e con tu venida espero
no tener vida conmigo..
Jorge Manrique

Para terminar, unos vídeos sobre el Amor cortés, los caballeros y los torneos. Os vendrán bien para revisar conceptos:

[https://www.youtube.com/watch?v=zC9v-looiTM]

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La poesía trovadoresca de los siglos XIII y XIV

A partir del siglo XI se va a vivir un cambio en los valores del estamento nobiliario. Los nobles dejan de ser rudos guerreros para convertirse en ceremoniosos cortesanos: cada uno de ellos es la cumbre de una pequeña pirámide de vasallos. Los vasallos llaman al noble “mi señor” y a sí mismos “servidores”. Deben obediencia al noble y le rinden “homenaje”, pero aquel les debe protección. Esta especie de contrato entre señor y vasallo se formaliza en una ceremonia significativa en la que el siervo solicita, “de rodillas”, la protección sel señor y este se la concede dándole un “abrazo”. El vasallo agradece la concesión con un “beso”, que sella el pacto. Cada noble puede hacerse, a su vez, vasallo de otro más poderoso en una ceremonia similar, aunque más complicada y elegante.

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Charles D’Orléans recibe el homenaje de un vasallo

Este sistema feudal va a extender sus valores a otros ámbitos no solo sociales, sino también personales. Por ejemplo, las relaciones señor-vasallo, la ceremonia del abrazo y el beso, la traición o la lealtad se traspasan al tema literario del amor, configurando los tópicos de una poesía lírica que perduran durante toda la Baja Edad Media, el Renacimiento y se puede decir que hasta hoy. Es la poesía de los trovadores.

En los siglos XII y XIII aparece un importante conjunto de unos trescientos cincuenta autores y unas dos mil quinientas obras en lengua provenzal. La poesía de los trovadores es la primera poesía culta, de tema no religioso, en lengua no latina. Y en ella se refleja un sistema de valores que no había aparecido hasta entonces en la literatura.

Los creadores de esta poesía proceden del ámbito lingüístico del “oc”, la Occitania, es decir, el sur de Francia, donde la afirmación “sí” se decía “oc” frente al norte donde se decía “oil”.

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LOS TROVADORES PROVENZALES

Es muy destacable el hecho de que los trovadores proceden de todos los grupos sociales: los hay reyes, Guillermo de Aquitania, Ricardo Corazón de León o Alfonso II de Aragón; de la nobleza alta y rica; de la baja y pobre que, según parece, vivían de ser trovadores ambulantes. También había burgueses, peleteros, juglares que “ascendían” a trovadores. Y hasta un huérfano, Marcabrú, “que fue abandonado a la puerta de un hombre rico sin que se supiera quién lo hizo”, según cuenta un resumen de su vida. También hubo unas cuantas mujeres trovadoras, todas ellas nobles, como la Condesa de Día. Pero las damas son más recordadas como “mecenas” o inspiradoras de los trovadores de las grandes cortes: Leonor de Aquitania, María de Champaña, Ermengarda de Narbona.

La poesía de los trovadores trata dos temas también nuevos en la Edad Media: el amor carnal sin complejos (los poemas en este casó se llaman cançó) y la rivalidad envidiosa e insultante, con otros personajes (en este caso, se llama sirventès).

LA POESÍA AMOROSA: LA CANÇÓ

Lo más llamativo es cómo trasladan a la poesía amorosa las relaciones y ceremonias feudales que hemos puesto más arriba: el trovador se llama a sí mismo servidor de la dama que, a su vez, es llamada “señor” (midons, en provenzal, que viene del latín “meus dominus”). Por tanto, ella es superior al trovador y este le rinde “homenaje de fins amor” como vasall y se obliga a tenerle lealtad y a defenderla cuando sea preciso. Esta dependencia le convierte en el pres d’amor , el “cautivo de amor” que espera ser aceptado y recibir el abrazo y el beso, que ahora sí son sensuales y no sociales.

Hay que tener en cuenta, además, que la dama de los trovadores tiene que ser necesariamente una mujer noble casada. Las nobles solteras no tienen capacidad de acción: están bajo la tutela paterna y, generalmente, en un convento; las que no son nobles no merecen el “homenaje”. Así que el amante, drutz, no puede decir el nombre de ella, si no es escondido en un seudónimo, senhal, para evitar al envidioso, el enojó, y para que no se entere el marido, gilós, ni el que vigila a la amada, gardador, ni otros que le vayan con el cuento, los lausengiers. La misma dama recibe siempre la misma senhal de un trovador; pero puede pasar que haya otro que la llame con otro nombre, o que el autor tenga más de una midoms…

Este un complejo sistema, que forma el campo semántico del amor cortés, es casi un calco de los tópicos amorosos de la poesía árabe. Hay quien afirma que los trovadores los adaptaron a su sociedad.

Lo importante es que todas estas convenciones se convierten en normas poéticas obligatorias. Y no solo en los hechos centrales, sino también en las circunstancias del amor, que son variadas, aunque casi siempre se sitúa el encuentro en un “locus amoenus” (una descripción de paisaje ideal: un lugar con flores, fuentes, árboles, pájaros… y donde siempre es primavera.)

Otra fórmula, también bastante libre, es la pastorela (pastourelle en francés, pastorel.la en catalán). La pastorela desarrolla el encuentro entre un caballero y una pastora a la que requiere de amores. No se trata de una midoms, sino de una moza, toza, y el trato no es de servidor feudal sino de caballero galanteador.

Otros dos tipos de poema se distinguen por el rigor formal a que están sometidas y por estar relacionadas con el baile. Son la balada (de ball: baile) y la danza. Ambas tienen estribillo y estrofas: el primero inicia el poema, da paso a las estrofas y se repite al final de cada una de ellas; éstas tienen un número fijo de versos, con un número fijo de sílabas, y riman obligatoriamente con el estribillo. Son composiciones muy parecidas a las moaxajas y a los zéjeles.

No hay que olvidar tampoco que estos poemas tenían música que era frecuentemente compuesta por el mismo trovador.

OTROS TEMAS

Cuando no tratan de amor, los poemas se llaman sirventés. Estos poemas pueden tocar varios temas. El más frecuente y divulgado es el de la sátira contra otro noble o trovador al que frecuentemente se le insulta de forma muy grosera, aludiendo a su vida familia, a su familia, o lo que es peor, a su cobardía y deslealtad. Solía suceder que el insultado replicaba con un nuevo sirventés atacando a su vez al autor del primero.

También hay sirventés que trata de la mala conducta moral y política de los caballeros de un bando contrario, o de cómo deben ser las relaciones entre señor y vasallo, o de cómo hacer buena y mala poesía (sirventés d’ensenhamen de joglar).

Una de las máximas dificultades de estos poemas era que debían adaptarse a una forma de verso y música ya conocida, o a la del poema a la que se quería contestar. De esta manera el enfrentamiento entre autores era no solo político y de genio sino también poético y de ingenio.

Otro tipo de poema eran la tençó (disputa) entre dos poetas que competían literariamente defendiendo posturas opuestas a propósito de un tema cualquiera.

El plany (planto , llanto) lamenta la muerte de algún personaje noble.

LA DIFICULTAD FORMAL DE LOS POEMAS

Estos poemas son enormemente complicados en cuanto a la forma. No se permitía el menor fallo en el cómputo de sílabas de un verso, ni con el número de estrofas de un poema (especialmente en la dansa y en la balada). La rima era siempre consonante ( a la asonante la llamaban rima borda, rima borde) y se dividía en rima masculina (aguda) y femenina (llana).

Tantas complicaciones dieron pie a que aparecieran dos modos de componer, según las dificultades formales que se impusieran:

a) Trobar clus (cerrado), creada por poetas elitistas, que creían que había demasiada gente haciendo poesía y añadían trabas a la composición. Por ello creaban poemas difíciles de entender, retorcidos de conceptos, metáforas, alegorías y demás recursos literarios de pensamiento. Si, además, usaban palabras sonoras o sugerentes, y rimas especialmente trabajadas, se llama trobar ric.

b) Trobar pla (llano), compuesto por poetas que consideraban innecesaria tanta complicación.

Pronto, la influencia de una poesía tan prestigiada por su autores y prestigiosa por sus resultados extiende por toda Europa y sus conceptos, especialmente el del amor cortés y el de la servidumbre de amor. Sus formas poéticas y musicales se rastrearán en la lírica culta de los siglos siguientes.

ALGUNOS TROVADORES Y SUS POEMAS

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Jaufré Rudel es el más famoso trovador del deseo amoroso frustrado por la distancia entre los amantes. La leyenda dice que se enamoró de una dama sin haberla visto, solo por lo que contaron de ella.

 
 
 
 
 
 
 
Ampr de terra lonhdana Amor de tierra lejana
per vos totz lo cors mi dol; por vos me duele todo el cuerpo;
e non puesc trobar mezina y no puedo encontrar remedio
si non au vostre reclam si no oigo vuestra llamada
ab atraich d’amor doussana con reclamo de dulce amor
dinz vergier o sots cortina en un jardín o tras una cortina
ab dezirada companha. con la compañera deseada.
 
 
Ma voluntazt s’en vai lo cors, Mi voluntad me lleva hacia ella,
la nueit et dia esclarzitz la noche y el amanecer sufriendo
laintz per talant de son cors; por deseo de su cuerpo;
mas tart mi ve e tart mi ditz: pero viene despacio y despacio me dice:
“Amicx, fa s’elha, gilos brau “Amigo, dice, celosos y malvados
an comensat tal batestau han armado tal jaleo
que sera greus a departir, que será difícil resolverlo
tro qu’abdui en siam jauzen” y que ambos tengamos placer
 
 
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Bernat de Ventadorn es un claro ejemplo del amor-devoción a la dama, que le vuelve tímido, y desarrolla frecuentemente la idea del amor como prisión. Pero todo ello no es más que una estrategia en el asedio sexual.

 
 
 
 
Be la volgra sola trobar Bien quisiera encontrarla sola
que dormis, o’n fezes semblan, y que durmiera, o lo fingiese,
per qu’e’lh embles un doutz baizar, para robarle un dulce beso
pus no valh tan qu’eu lo’lh deman. porque no valgo tanto para pedírselo.
Per Deu, domna, pauc espechan d’amor Por Dios, señora, ¡que poco disfrutamos del amor!
vai s’en lo temps, e perdem lo melhor! ¡el tiempo pasa y nos perdemos lo mejor!
Parlar degram ab cubertz entresens, Deberíamos hablar con palabras de doble sentido
e, pus nons val arditz, y puesto que de nada nos sirve este atrevimiento,
valgues non gens! ¡ojalá nos valiera el ingenio!
 
 
En agradar et en voler En gozarse y quererse el uno al otro
es l’amors de dos fis amans está el amor de los verdaderos amantes.
Nulla res no i pot pro tener Nada puede salir bien
s’lh voluntatz no es egaus. si los dos no quieren lo mismo.
E cel es ben fols naturaus Y está loco de nacimiento
qui de so que vo la repren el que no hace lo que ella le pide
e’lh lauza so que no’lh es gen. o alaba lo que no le gusta.
 
 

No olvidemos, de todas formas, que la poesía trovadoresca solía estar acompañada de música. Podéis oír aquí otro poema de Bernat de Ventadorn:

https://www.youtube.com/watch?v=r6bknM6iwIo

Aquí tenéis a uno de los primeros trovadores, Marcabrú, con su poema Bel m’es quan li fruch madur:

Hemos hablado de que también hubo mujeres trovadoras, es el caso de Beatriz de Dia, de quien podéis escuchar la composición “Ab et ab joven m’apais”:

https://www.youtube.com/watch?v=Dt8dWGH7nf0

QUIERO SABER MÁS…

Si te interesa saber más sobre los trovadores provenzales (y lees catalán), puedes consultar la página de la Cátedra Màrius Torres, de la Universitat de Lleida.

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La lírica castellana tradicional: los villancicos

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En Castilla se compusieron breves poemas, los villancicos, donde se perciben la influencia temática y formal de las jarchas. En los Cancioneros castellanos del siglo XV, junto a poemas de autores cultos, se recogen también muchas muestras de lírica de tipo tradicional que, por su belleza, merecieron figurar entre ellos.

Muchos de ellos siguen conservando la estructura formal de las moaxajas de dos formas:

  • Si es prácticamente igual, se llama zéjel.
  • Si tiene alguna variante en el estribillo o en la estrofa se llama villancico. Recordamos, por cierto, que el villancico no solo es una canción de Navidad, como actualmente, sino cualquier cantar “villano”, o sea, de gente del pueblo. A “villano” se le añadió el sufijo -ico para indicar que eran cantares “de poca importancia”.

Los temas de estos poemas son casi siempre el amor, conseguido o no, en todas sus variantes: ausencia, celos, soledad, deseo, rechazo, gozo, dolor… Aparece también el tema de la “malmaridada”, la joven que no quiere ser monja, la serrana, el alba y el insomnio.

En el contexto rural propio de la lírica popular no es extraño que se empleen los elementos de la naturaleza como símbolos del amor. Así por ejemplo, el mes de mayo, los almendros en flor… representan el renacimiento primaveral de la naturaleza y, por extensión, del amor.

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En estos poemas nos podemos hacer una idea de cómo y dónde se producían los encuentros amorosos de nuestros tatarabuelos: cualquier ocasión en que los hombres y las mujeres podían estar juntos se aprovechaba para el amor: las fuentes o el río (donde las mujeres iban a lavar o a buscar agua y tras ellas, los hombres), el vergel, la vega o la ribera del río, el bosque o el monte eran también, como diría el poeta, lugares propicios para el amor.

mujeresmusicosLos encuentros amorosos se realizaban frecuentemente de noche, con los límites de la medianoche y el alba. Las fechas más propicias se relacionaban con los ritos sociales, naturales o culturales: la primavera (abril y mayo), el día de San Juan (el solsticio de verano) o las celebraciones. Por eso hay canciones de romería, de primavera (mayas), de siega, de siembra…

Se suele decir que muestran sentimientos bastante ingenuos, pero sólo si los comparamos con las complicaciones amorosas de la poesía de los trovadores. En la poesía de tipo tradicional se lee un amor pasional, nada pacato, donde el cuerpo tiene una especial importancia. Se utilizan con frecuencia símbolos para representar el sexo: las rosas, el jardín o los cabellos sueltos simbolizan la virginidad que se pierde. Peinarse, bañarse o lavarse, mover el agua o coger una flor son acciones que aluden a la entrega amorosa. En ocasiones, la simbología de la caza sirve para referirse a los encuentros amorosos: el enamorado es el cazador y la enamorada es una garza o cierva que resulta cazada por el caballero.

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Durante los siglos XV y XVI las canciones tradicionales sirvieron de inspiración a algunos músicos como Juan del Encina. Apagado el eco de la canción tradicional a finales del siglo XVII, renace en el XX como modelo poético de importantes obras neopopularistas de algunos autores de la Generación del 27.

Si os interesa leer algunos de estos villancicos, podéis leer aquí esta antología, seleccionada por Lourdes Domenech y Ana Romeo en http://www.materialesdelengua.org.

Os ofrezco a continuación una selección de lírica tradicional castellana interpretada por distintos grupos musicales. Empezamos con el villancico “¡Ay, que non hay!”, extraído del Cancionero Musical de Palacio e interpretado por el grupo Hespérion XX.

¡Ay, que non hay!
¡Ay, que non era!
Mas ¡ay, que non hay
quien de mi pena se duela!

Madre, la mi madre,
el mi lindo amigo,
moricos de allende
lo llevan cativo,
cadenas de oro,
candado morisco.

Este otro villancico se titula “Quiero dormir y no puedo”, lo oímos en la interpretación del grupo Música ficta:

Quiero dormir y no puedo
que me quita el amor el sueño.

No hay sosiego en mi cuidado
que anda suelto mi ganado.
Temo que me lo han robado
y que lo goza otro dueño.
Quiero dormir……

Cómo han de dormir mis ojos
si pretendo por despojos
duras espinas y abrojos
y al fin ser clavado en un leño.
Quiero dormir……

 

[Materiales extraídos de: GRUPO JUAN DE MAIRENA (1997), Lengua castellana y Literatura. 1º de Bachillerato. Madrid: Akal, 1997. DOMENECH, Lourdes y ROMEO, Ana en http://www.materialesdelengua.org. FERNÁNDEZ SANTOS, Alonso [et al.] (1992), Literatura 2º, Barcelona: Magisterio Casals; ARROYO CANTÓN, Carlos [et al.] (2006), Lengua castellana y Literatura 1º de Bachillerato, Madrid: Oxford; GARCÍA MADRAZO, Pilar [et al.], (2008) Lengua castellana y literatura 1º de Bachillerato, Zaragoza: Edelvives. Proyecto Zoom; MELÉNDEZ, Isabel [et al.], (1996) Lengua y literatura castellana 4º ESO,Madrid: ESLA; PASCUAL, José A. [et al.](2008) Lengua y literatura 1º Bachillerato, Madrid: Santillana]
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