La poesía cortesana. Cancioneros españoles del siglo XV

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En los dos primeros tercios del siglo XV la nobleza se reunía en palacios de reyes y grandes señores y centraba su actividad en el cultivo de las ceremonias cortesanas y de la poesía, como forma de evasión del desorden sociopolítico imperante.

La poesía cortesana castellana del siglo XV tiene su base en la poesía trovadoresca provenzal, que hemos visto en otra entrada, y desarrolla, fundamentalmente, el tema amoroso basándose en la ideología del amor cortés.

Sin embargo, ya habían pasado tres siglos desde los trovadores y el sistema feudal, que en el siglo XII era pujante y en el siglo XV está a punto de desaparecer. Los nobles ven que, el rey por arriba y los burgueses por abajo, están obteniendo parte de sus grandísimos privilegios. No resulta conveniente, por ejemplo, vivir en un alejado castillo, es mejor acercarse a la corte del rey y buscar el poder por la vía del agrupamiento político y de la conspiración, sin ingenuas actitudes de independencia.

Chansonier cordiforme

Chansonier cordiforme

Del espíritu trovadoresco, la poesía cortesana solo conserva el afán de demostrar habilidad o ingenio en las canciones. Pero resulta que a las rígidas normas de contenido y de forma que los trovadores impusieron, cada generación ha ido añadiendo otras nuevas, hasta convertir el arte de la poesía en un saber complicadísimo, una ciencia que había que estudiar a fondo para dominarla. Por eso la poética recibió el nombre de Gaya Ciencia y está llena de dificultades.

Los textos resultantes tienen grandes dificultades en el contenido por la sutileza y la complicación de los conceptos expresados. También son difíciles en la forma: además de la complicación métrica, alardes de virtuosismo, como hacer que todos los versos de una estrofa empiecen por la misma letra, o que formen acrósticos, o que todas las estrofas tengan el mismo número de sílabas. Surge así una poesía cortesana, cuya máxima virtud reside en la sutileza del análisis sentimental y en la dificultad de sus formas.

Veremos algunos de estos poemas en clase, pero ahora puedes leer este poema de Juan de Mena:

Fin será de mi vivir
esta norma por mí dicha,
y entiendo de así sufrir
que en ella espero morir
si no lo estorba la dicha;
mas no lo podrá estorbar,
porque no tendrá poder:
aunque me pueda matar
no podrá tanto mandar
que iguale con mi querer.

El contacto del Reino de Aragón con Italia (no olvidéis que desde Alfonso V, la Corona de Aragón incluía también de Nápoles, Córcega, Sicilia y Cerdeña: recordad, Corona de Aragón, no os dejéis liar…) permitió que los poetas de sus cortes conocieran, sin las interferencias religiosas medievales, las literaturas clásicas, griega y latina, sobre todo sus autores más moralizadores y severos. Y también los “modernos” escritores italianos: Dante y Petrarca. Con la llegada de estas nuevas ideas que, en cierto modo están en contra del amor cortés, se habla por primera vez de poetas para referirse a los autores líricos. Así, como dirá Rafael Lapesa, ahora se distingue al trovador, que representa los aspectos más superficiales de la poesía, del poeta, que tiene aspiraciones literarias más elevadas.

Esta poesía se denomina también poesía cancioneril, esto se debe a que se encuentra recopilada en cancioneros, especie de antologías poéticas. Algunos constituyen auténticas obras de arte, pues están decorados con lujosas ilustraciones.

La Asociación Internacional Convivio para el Estudio de los Cancioneros y la poesía medieval ofrece a aquellos interesados en este tema una extensa documentación a través de la página web de la Biblioteca Virtual Cervantes:

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CANCIONERO DE BAENA

Uno de los cancioneros más interesantes es el Cancionero de Baena. Si te interesa saber más sobre este tema, o te apetece investigar, puedes hacer clic sobre la imagen del primer folio del Cancionero, entrarás en el Portal Juan Alfonso de Baena, donde encontrarás información sobre el manuscrito y su contenido. Muy interesante, de verdad.

CANCIONERO DE ESTÚÑIGA

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Es el cancionero de la corte napolitana de Alfonso V de Aragón. Lleva el nombre del primer poeta que aparece en el cancionero, Lope de Estúñiga. En este cancionero hay una clara preferencia por la lírica amorosa, en especial por la canción en la que el enamorado llora sus penas de la forma más alambicada. También hallamos poesía política, muy ligada a los sucesos cotidianos, satírica, festiva, elegíaca y moral.

Si os apetece echarle un vistazo, puedes consultar la edición digitalizada de la Biblioteca Nacional haciendo clic en la imagen. Miradla, es muy bonita.

CANCIONERO DE PALACIO

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Procede de Aragón. Recoge la poesía de la corte de Juan II de Castilla y de la aragonesa de Alfonso V. Su tono es marcadamente cortesano y aristocrático. La mayoría de los poetas representados son de alta alcurnia. Muestra una clara predilección por la poesía amorosa al modo trovadoresco, sumamente conceptista y amanerada, con tendencia al pesimismo y la melancolía.

No olvidemos, en todo caso, que todos estos poemas se cantaban. Podéis oír esta composición de Juan del Encina titulada “Más vale trocar”, recogida en el Cancionero de Palacio:

 

 

CANCIONERO DE HERBERAY DES ESSARTS

Fue recopilado en la corte navarra en torno a 1465. Su nombre se debe a que perteneció al noble picardo Nicolás de Herberay, señor des Essarts, gran aficionado a las letras españolas. Contiene numerosos poemas anónimos, atribuidos a Diego de Urries. Tiene también tono cortesano.

CANCIONERO GENERAL DE HERNANDO DEL CASTILLO

portadaPublicado en Valencia en 1511, recoge la obra de los poetas menores de la corte de los Reyes Católicos, aunque también incluye otras de tiempos de Juan II y de Enrique IV.

Siguen cultivándose los mismos temas y motivos con estilo igualmente amanerado, pero se abren camino los géneros populares y la poesía religiosa. El verso se hace más musical. Predomina la composición breve y conceptuosa. Esta antología tuvo un éxito enorme y conoció sucesivas reediciones que llegaron a incluir versos de la escuela de Garcilaso.

[Textos: Lengua castellana y Literatura (I) del Grupo Juan de Mairena, Madrid: 1997, Akal.]

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