Decimos adiós a la literatura española…

Durante todos estos meses del curso hemos estado trabajando y estudiando la historia de la literatura española desde sus primeros testimonios escritos (¿Os acordáis? Allá por el siglo XI cuando leímos las jarchas que cantaban las chicas mozárabes…) hasta el muy razonable e ilustrado siglo XVIII con sus poemas a la libertad, la tolerancia y el progreso humano. Mientras tanto nos hemos paseado por la Edad Media; hemos cabalgado con el Cid, hemos presenciado los milagros que nos presentaba Gonzalo de Berceo; nos hemos reído con el Arcipreste de Hita y sus historias de “buen amor” y hemos disfrutado de los serenos versos de las Coplas a la muerte de su padre de Jorge Manrique.

Hemos conocido también a los brillantes poetas del Renacimiento: Garcilaso de la Vega, Fray Luis de León, San Juan de la Cruz y nos hemos divertido con las aventuras del pobre Lázaro de Tormes. Y hace poco nos hemos dado una vuelta por el Barroco y hemos conocido y apreciado (espero) su belleza y su dificultad. Góngora, Quevedo, Lope de Vega, Calderón… ya no serán nombres que no nos suenen de nada. Espero que hayáis disfrutado estudiando la literatura tanto como yo he disfrutado enseñándola. Gracias, en todo caso, por vuestra atención.

Os incluyo un texto sobre la literatura de Vladimir Nabokov, extraído de su Curso de literatura europea. Espero que os guste:

La literatura no nació el día en que un chico llegó corriendo del valle neardenthal,  gritando: “¡El lobo, el lobo!”, con un enorme lobo gris pisándole los talones; la literatura nació el día en que un chico llegó gritando “¡El lobo, el lobo!”, sin que le persiguiera ningún lobo. El que el pobre chaval acabara siendo devorado por un animal de verdad por haber mentido tantas veces es un mero accidente. Entre el lobo de la espesura y el lobo de la historia increíble hay un centelleante término medio. Este término medio, ese prisma, es el arte de la literatura.
La literatura es invención. La ficción es ficción. Calificar un relato de historia verídica es un insulto al arte y a la verdad.
Todo gran escritor es un gran embaucador, como lo es la architramposa naturaleza. La naturaleza siempre nos engaña. Desde el engaño sencillo de la propagación de la luz a la ilusión prodigiosa y compleja de los colores protectores de las mariposas o de los pájaros, hay en la naturaleza todo un sistema maravilloso de engaños y sortilegios. El autor literario no hace más que seguir el ejemplo de la naturaleza.
Volviendo un momento al muchacho cubierto con pieles de cordero que grita “¡El lobo, el lobo!”, podemos exponer la cuestión de la siguiente manera: la magia del arte estaba en el espectro del lobo que él inventa deliberadamente, en su sueño del lobo; más tarde, la historia de sus bromas se convirtió en un buen relato. Cuando pereció finalmente, su historia llegó a ser dato didáctico, narrado por las noches alrededor de las hogueras. Pero él fue el pequeño mago. Fue el inventor.
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